«Mi experiencia como médico, al igual que mi propia vida», escribe C. G. Jung, «me han puesto incesantemente ante la pregunta sobre el amor, y nunca fui capaz de dar una respuesta válida.» La presente antología de textos extraídos de la rica obra junguiana recoge algunas de las reflexiones más significativas del psicólogo y psiquiatra en torno a «las imprevisibles paradojas del amor» y al conocimiento de que «únicamente en lo opuesto se enciende la vida». El recorrido a través del Eros («gran vinculador y desligador»), de la relación entre los sexos, el matrimonio, la comunidad y la relación terapéutica, pone de manifiesto la importancia que para la psicoterapia junguiana tiene no sólo la relación de transferencia entre médico y paciente, sino también la relación humana. Ocupado en transmitir a sus pacientes «la ficción que cura», Jung hace sobre todo una invitación a «vivir psicológicamente», dedicado como estuvo a fomentar con su trabajo el desarrollo del individuo.
Esta obra es el legado final de Elisabeth Kübler- Ross, la autoridad más respetada dentro del campo de la muerte y el proceso de morir. Poco antes de fallecer, Elisabeth Kübler-Ross completaba, con la ayuda de David Kessler, su último libro. Sobre el duelo y el dolor aplica las cinco fases del dolor —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— al proceso del duelo y mezcla teoría, inspiración y consejos prácticos, todo basado en las experiencias personales y profesionales de Kübler-Ross y David Kessler.
Un texto lúcido y provocador, escrito con el estilo inconfundible de Slavoj Žižek, que invita a repensar qué significa resistir y mantener la esperanza en un mundo en ruinas. Las reflexiones de Punto cero se centran en cómo distinguir la derrota del desastre y cómo afrontar la desesperación sin sucumbir a ella, cuestiones hoy más pertinentes que nunca tras las victorias electorales del populismo autoritario y el incesante goteo de noticias sobre atrocidades violentas. El «punto cero» es el nivel del suelo, el fondo, el lugar al que uno se repliega y desde el que vuelve a reagruparse. Tomado de un texto de Vladímir Lenin de 1922, La ascensión a las altas montañas, en el que reflexiona sobre la complejidad de «retirarse» sin traicionar la causa, el símil del alpinista se convierte en un modelo de resiliencia, flexibilidad y persistencia de la esperanza. Es la figura del revolucionario encarnando el lema beckettiano: «Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». En manos de Žižek, esta fórmula sirve para enfrentar los antagonismos del orden mundial existente. Con un enfoque particular en Oriente Medio —el punto en el que todas nuestras tensiones amenazan con estallar—, Žižek sostiene que nada puede abordarse de manera significativa sin afrontar directamente esa confrontación.
Testimonios de experiencias cercanas a la muerte, entre ellas, las del propio autor. Tras Estoy bien y Pactos y señales, J. J. Benítez ha seguido investigando el gran misterio de la vida después de la muerte. Fruto de esa incansable labor aparece ahora Dios es azul: un total de 101 casos de «experiencias cercanas a la muerte». Dios es azul es un libro lleno de esperanza. En él se demuestra que la muerte es una repugnante mentira.
¿Qué pasa cuando el cuerpo se vuelve un territorio extraño? ¿Cómo se inscriben en él el deseo, la maternidad, la sexualidad y la vejez? Este libro no busca dar respuestas cerradas, sino abrir un espacio donde lo impropio del cuerpo pueda ser pensado. Marina Esborraz y Luciano Lutereau recuperan la práctica clínica, la literatura y el cine para dar lugar a preguntas que rara vez encuentran espacio en el discurso social: las fantasías de prostitución, los efectos subjetivos del aborto, la persistencia del deseo de hijo en la menopausia y las posibilidades vitales de la vejez. Allí donde predominan mandatos, clichés o silencios, los autores restituyen la densidad de aquello que suele quedar reducido a consignas o silencios. Cuerpos im-propios propone pensar lo femenino no como esencia, sino como experiencia de extrañamiento. Con una escritura rigurosa y sensible, el libro interpela tanto a la práctica psicoanalítica como a la vida cotidiana, invitando a revisar cómo habitamos nuestros cuerpos más allá de los discursos de época.
¿Qué nos pasa cuando decimos adiós? ¿Cómo nos enfrentamos a las despedidas? ¿Por qué nos cuestan tanto? No es posible despedirse sin desear el bien. Decir adiós es encomendar a una fuerza divina (“a Dios te encomiendo” o, en inglés, goodbye: God be with you); entonces, implica (o debería) un deseo amoroso de que el otro esté protegido allí donde se encuentre en ese futuro donde uno no va a estar. Despedirse no es el duelo, tampoco es separarse, aunque se relacione con estos procesos psíquicos. Y, de hecho, hay personas a las que les cuesta mucho y la despedida se les vuelve “un largo adiós” (como el título de la novela de Raymond Chandler). En las páginas de Cada vez que decimos adiós. Duelos, separaciones y despedidas, Luciano Lutereau reflexiona sobre este acto fundamental del psiquismo y de los vínculos, y trata de dar una salida a todas estas cuestiones. Para no morirnos un poco con cada despedida, como cantaba Ella Fitzgerald, sino que podamos encontrar esa respuesta esperanzadora que nos regalaba Cerati: “Poder decir adiós es crecer”.