V13: viernes 13 de noviembre de 2015. En tres puntos diferentes de París se producen atentados yihadistas. El más grave es el de la sala Bataclan, donde están actuando los Eagles of Death Metal. El resultado de los ataques en el corazón de Francia es de ciento treinta muertos y más de cuatrocientos heridos. Años después, durante nueve meses –entre septiembre de 2021 y junio de 2022–, se celebra el juicio en el Palacio de Justicia de la capital. Hay catorce acusados: el principal es el único superviviente de entre los terroristas de Estado Islámico que participaron en la masacre. Sobrevivió porque no detonó su cinturón con explosivos. ¿Falló el mecanismo? ¿Tuvo miedo? ¿O quizá un fugaz momento de arrepentimiento y humanidad? El resto son colaboradores en distintos grados. Y además están los testigos –que cuentan historias de una gran crudeza–, los familiares de los fallecidos, los severos fiscales, los abogados defensores, que utilizan argucias para tratar de salvar a sus clientes, el tribunal, que debe emitir sentencia… La justicia evalúa con frialdad la barbarie. Emmanuel Carrère cubre el juicio y envía sus crónicas semanales a L’Obs. Esos textos son la base de este libro. En sus páginas encontramos la narración del juicio, la voz de las víctimas, los advenedizos que han tratado de hacerse pasar por víctimas, los héroes que ayudaron a detener a los criminales, los corrillos de los abogados, los detalles entre bambalinas… La dimensión humana y la dimensión política. El resultado: un volumen sobrecogedor y un testimonio necesario. El periodismo hecho literatura a través de la perspicaz mirada de Carrère.
En Ensalada loca, la neoyorquina Nora Ephron demuestra su acerado sentido del humor y su temible capacidad de observación. La temática del libro gira básicamente en torno a la mujer, el feminismo y los conflictos de la vida cotidiana en los Estados Unidos. Entre los diversos temas que aborda: lo autobiográfico, en el divertidísimo relato «Algunas observaciones sobre pechos»; las fantasías sexuales de las mujeres; la «política vaginal» («Hemos pasado la época en que la felicidad era un perrito cariñoso y la época en que la felicidad era un martini seco y hemos llegado a la era en que la felicidad es “saber cómo es tu útero”»); la derrota de Betty Friedan, «la-madre-de-todas-nosotras», frente a Gloria Steinem, la representante de la nueva generación; la utilización del movimiento feminista por los partidos políticos; las reinas de la belleza; los grupos de concienciación; la inefable estrella del film porno Garganta profunda, Linda Lovelace; un apoteósico concurso nacional de cocina, que es un retrato al vitriolo del ama de casa de la mayoría silenciosa; la persistencia de comportamientos machistas entre varones presuntamente progresistas; la manipulación de la mujer por la industria cosmética; etc., etc.
Detrás de los muros de un convento, reina el silencio, solo salpicado por el murmullo de las oraciones o los melismas de los cantos litúrgicos. O así es como solemos imaginarlo, pero la realidad es otra. En ese espacio gobernado por mujeres, las monjas de los siglos XVI y XVII desarrollaron un complejo entramado social, en el que tenían cabida el trabajo y la creatividad, la moda y la fama, la amistad y el amor, la política y la economía, y propusieron innovadoras soluciones a los agobios de la vida mundana. Todo ello habría permanecido en secreto para el gran público de no ser por el exhaustivo trabajo de investigación y divulgación que han llevado a cabo, durante más de diez años, Carmen Urbita y Ana Garriga, las creadoras del podcast Las hijas de Felipe. Gracias a ellas —y a los miles de cartas y tratados que han leído—, tenemos acceso a los consejos de Teresa de Ávila para el buen gobierno económico, a los trucos de María de Jesús de Ágreda para estar en varios lugares al mismo tiempo, a la audacia de Ana de Jesús y Beatriz de la Concepción para sostener un amor contra todo, o a la rabia de sor Juana Inés de la Cruz para librarse, siglos antes del Me Too, del acoso de un confesor. Podemos asomarnos a ese mundo oculto: un espacio creado por mujeres y para mujeres, con otras formas de amar, cuidar, organizarse, crear y convivir. Y, sobre todo, podemos constatar que todos los que nos pasa, ya le pasó a una monja del barroco.
El diario El País salió a la calle el 4 de mayo de 1976, menos de seis meses después de la muerte de Franco, cuando el camino a la democracia apenas empezaba a atisbarse. La idea del periódico se incubó entre un grupo de editores e intelectuales que, en las postrimerías del franquismo, buscaba un instrumento de reforma del régimen, de talante liberal y vocación europeísta, que contribuyera a suturar las heridas provocadas por la Guerra Civil y la dictadura y a hallar una salida sin traumas del franquismo. Su éxito fue fulgurante. A los 50 años de ese momento fundacional de la historia reciente española, Javier Cercas asumió el reto de contar la historia de un país a través de la de su periódico de referencia; pero El periódico de la democracia no es solo una historia personal de esa época: es también una reflexión acerca de la relación del periodismo con la literatura, una crónica de la formación intelectual de un escritor y un homenaje a la importancia de la prensa en la construcción y la defensa de las libertades.