En Ensalada loca, la neoyorquina Nora Ephron demuestra su acerado sentido del humor y su temible capacidad de observación. La temática del libro gira básicamente en torno a la mujer, el feminismo y los conflictos de la vida cotidiana en los Estados Unidos. Entre los diversos temas que aborda: lo autobiográfico, en el divertidísimo relato «Algunas observaciones sobre pechos»; las fantasías sexuales de las mujeres; la «política vaginal» («Hemos pasado la época en que la felicidad era un perrito cariñoso y la época en que la felicidad era un martini seco y hemos llegado a la era en que la felicidad es “saber cómo es tu útero”»); la derrota de Betty Friedan, «la-madre-de-todas-nosotras», frente a Gloria Steinem, la representante de la nueva generación; la utilización del movimiento feminista por los partidos políticos; las reinas de la belleza; los grupos de concienciación; la inefable estrella del film porno Garganta profunda, Linda Lovelace; un apoteósico concurso nacional de cocina, que es un retrato al vitriolo del ama de casa de la mayoría silenciosa; la persistencia de comportamientos machistas entre varones presuntamente progresistas; la manipulación de la mujer por la industria cosmética; etc., etc.
Detrás de los muros de un convento, reina el silencio, solo salpicado por el murmullo de las oraciones o los melismas de los cantos litúrgicos. O así es como solemos imaginarlo, pero la realidad es otra. En ese espacio gobernado por mujeres, las monjas de los siglos XVI y XVII desarrollaron un complejo entramado social, en el que tenían cabida el trabajo y la creatividad, la moda y la fama, la amistad y el amor, la política y la economía, y propusieron innovadoras soluciones a los agobios de la vida mundana. Todo ello habría permanecido en secreto para el gran público de no ser por el exhaustivo trabajo de investigación y divulgación que han llevado a cabo, durante más de diez años, Carmen Urbita y Ana Garriga, las creadoras del podcast Las hijas de Felipe. Gracias a ellas —y a los miles de cartas y tratados que han leído—, tenemos acceso a los consejos de Teresa de Ávila para el buen gobierno económico, a los trucos de María de Jesús de Ágreda para estar en varios lugares al mismo tiempo, a la audacia de Ana de Jesús y Beatriz de la Concepción para sostener un amor contra todo, o a la rabia de sor Juana Inés de la Cruz para librarse, siglos antes del Me Too, del acoso de un confesor. Podemos asomarnos a ese mundo oculto: un espacio creado por mujeres y para mujeres, con otras formas de amar, cuidar, organizarse, crear y convivir. Y, sobre todo, podemos constatar que todos los que nos pasa, ya le pasó a una monja del barroco.
El diario El País salió a la calle el 4 de mayo de 1976, menos de seis meses después de la muerte de Franco, cuando el camino a la democracia apenas empezaba a atisbarse. La idea del periódico se incubó entre un grupo de editores e intelectuales que, en las postrimerías del franquismo, buscaba un instrumento de reforma del régimen, de talante liberal y vocación europeísta, que contribuyera a suturar las heridas provocadas por la Guerra Civil y la dictadura y a hallar una salida sin traumas del franquismo. Su éxito fue fulgurante. A los 50 años de ese momento fundacional de la historia reciente española, Javier Cercas asumió el reto de contar la historia de un país a través de la de su periódico de referencia; pero El periódico de la democracia no es solo una historia personal de esa época: es también una reflexión acerca de la relación del periodismo con la literatura, una crónica de la formación intelectual de un escritor y un homenaje a la importancia de la prensa en la construcción y la defensa de las libertades.