Las Heras es una localidad ubicada en la provincia argentina de Santa Cruz, que brotó en el desierto patagónico con la llegada del ferrocarril y la explotación del petróleo por parte del Estado. Cuando la prosperidad se desvaneció, entre otras cosas por la privatización de la petrolera, solo quedaron el viento, la indiferencia y un puñado de habitantes. Entre 1997 y 1999, el suicidio de doce jóvenes, todos muy conocidos en la ciudad, sacudió a Las Heras. No hubo un listado oficial de aquellas muertes, nadie encendió las luces de alarma. Se decía que en el pueblo pasaban cosas raras, que detrás de las muertes se encontraba una secta, pero también que, en aquella tierra desolada, no había futuro para la juventud. Publicado en 2005, Los suicidas del fin del mundo fue el libro fundacional de Leila Guerriero. La periodista argentina viajó a Las Heras para indagar en la serie de suicidios. Recorrió las mismas calles ventosas por las que habían caminado los suicidas y entrevistó a madres, novios, hermanas y amigos de los muertos, a prostitutas, peluqueros y profesores de colegio que los habían conocido. Para reconstruir aquellas vidas, escuchó testimonios a veces inconclusos, a veces contradictorios, que daban cuenta de existencias duras y olvidadas. La cronista se mueve por las páginas con voz recogida y observa, con una sensibilidad que no se permite el sentimentalismo, el relato comunitario que revela la tragedia. Las voces de los dolientes atraviesan esta crónica, rodeadas por un paisaje yermo que Guerriero convierte en parte fundamental de la narración. Con lenguaje crudo y eficaz, se hunde en las profundidades de la pérdida, el dolor, la violencia, el desempleo y la marginalidad en un pueblo que podría contar la historia de tantos otros. De fondo, persiste el alarido del viento que chirría en un presente aún sin perspectiva ni esperanza.
Un calor que no da tregua. Una noche cuya oscuridad se alarga. La adolescencia y su rebeldía y las primeras experiencias. «No había mucho más que hacer ese verano», leemos. A partir de ahí, una enorme historia que se abre a tantas posibilidades como lecturas: crisis y memoria de una dictadura, incógnitas e inquietudes, desencanto y búsqueda. Personajes que se ahogan y dudan. Asesinos en serie, lo siniestro y la enfermedad. Música y consecuencias.
Las historias de Samanta Schweblin obsesionan e hipnotizan, cuestionan la realidad como cada sombra y cada golpe, acechándonos en las noches de insomnio. En los cuentos de Pájaros en la boca el lector deberá mirar de frente esos mundos, en los que el crujido de las alas de un pájaro, una mujer abandonada en la ruta o el infierno fantasmal de un asesinato son la confirmación de que la vida puede ser tan pesadillesca como hermosa. En la huella de Raymond Carver, David Lynch y Flannery OConnor, la escritura de Schweblin difumina con maestría la línea entre lo extraño y lo cotidiano, arrastrando al lector a un estimulante tour de force que le acelerará el pulso.
Estamos en Macondo y su región una vez más, entre personajes y episodios reconocibles, pero ahora caen pájaros muertos sobre el poblado, rompiendo mosquiteros y alambradas, un cura ve al diablo o afirma haber encontrado al judío errante, y visitar la tumba de un ser querido supone un riesgo impredecible. Y hay que enterrar a la Mamá Grande, soberana absoluta de este mundo, que falleció en olor de santidad a los noventa y dos años, tras haber conservado la virginidad durante toda su vida, y a cuyos funerales acude el presidente de la República y hasta el Sumo Pontífice en su góndola papal, pero también guajiros, contrabandistas, arroceros, prostitutas, hechiceros y bananeros llegados para la ocasión. «Ésta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes de septiembre pasado, y a cuyos funerales vino en Sumo Pontífice.»
Los cuentos que componen Turbación —el libro inédito más reciente de una de las voces más singulares e intensas de la literatura contemporánea— confirman la vigencia y audacia de una escritora que ha hecho de la intimidad un campo de batalla estética, donde el temblor, la vergüenza y el goce se confunden hasta volverse una misma forma de existencia, esa espesa materia incontenible: «“Turbación viene de turba”, anotó el psicólogo en su cuaderno de notas. La turba era un líquido negro, pegajoso, que suele encontrarse en ciénagas y pantanos.»
Las tragaperras, el bingo y los casinos son para muchos una distracción inofensiva, un vicio socialmente aceptado, lo más parecido a ir al burdel en familia. Para otros, en cambio, el juego es una experiencia extrema: erótica y mística, lúcida y absurda, una forma de enfrentarse al destino cuando ya no queda nada que perder. A punto de cumplir cuarenta años, Jorge —periodista y lector fervoroso de Dostoievski— deambula en ese territorio ambiguo donde el azar gobierna y la razón se suspende. Entre salas de bingo y casinos tan lujosos como decadentes, sesiones de psicoanálisis, viajes, amantes ocasionales y escapadas al refugio que alguna vez fue hogar, el protagonista ensaya una exploración radical del deseo, la adicción y la libertad. Publicada originalmente en 1992, esta novela se lee hoy con una vigencia inquietante: porque el juego sigue siendo el único lugar donde, como escribió Dostoievski, nada depende de nada. Si Dios juega a los dados, el jugador puede contestarle: «Yo, también». Cristina Peri Rossi despliega aquí una prosa incisiva, sensual y lúdica, capaz de convertir una noche de juego en una metáfora del mundo contemporáneo.
La historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, en el escenario de un pueblecito portuario del Caribe y a lo largo de más de sesenta años, podría parecer un melodrama de amantes contrariados que al final vencen por la gracia del tiempo y la fuerza de sus propios sentimientos, ya que García Márquez se complace en utilizar los más clásicos recursos de los folletines tradiciones. Pero este tiempo -por una vez sucesivo, y no circular-, este escenario y estos personajes son como una mezcla tropical de plantas y arcilla que la mano del maestro moldea y con las que fantasea a su placer, para al final ir a desembocar en los territorios del mito y la leyenda. Los jugos, olores y sabores del trópico alimentan una prosa alucinatoria que en esta ocasión llega al puerto oscilante del final feliz.
En Barcelona, una prostituta que va entrando en la vejez entrena a su perro para llorar ante la tumba que ha escogido para sí misma. En Viena, una mujer se vale de su don de ver el futuro para convertirse en la adivina de una familia rica. En Ginebra, el conductor de una ambulancia y su esposa acogen al abandonado y aparentemente moribundo expresidente de un país caribeño, solo para descubrir que sus ambiciones políticas siguen intactas. En estos doce relatos magistrales acerca de las vidas de latinoamericanos en Europa, García Márquez transmite la melancolía, tenacidad, pena y ambición que forman la experiencia del emigrante.
En El coronel no tiene quien le escriba, un viejo militar retirado va al puerto todos los viernes a esperar la llegada de la carta oficial que responda a la justa reclamación de sus derechos por los servicios prestados a la patria. Pero la patria permanece muda... En Crónica de una muerte anunciada, Bayardo San Román, solo unas horas después de su matrimonio con la bella Ángela Vicario, la devuelve por deshonrada a la casa paterna. La atribulada familia fuerza a la novia a revelar el nombre de su primer amante, y los hermanos gemelos de ella anuncian su intención de matar a Santiago Nasar. Sin embargo, si todos sabían que se iba a cometer un asesinato, ¿por qué nadie trató de impedirlo? Dos novelas en las que el maestro colombiano revela historias de injusticia y violencia, con la profundidad temática y emotiva que siempre lo caracteriza.
Este debía ser el reportaje sobre un hombre, Luis Alejandro Velasco, que estuvo diez días a la deriva en una balsa mecida por el mar Caribe. El entonces joven periodista de El Espectador de Bogotá escuchó el relato de los hechos de boca de su protagonista, y lo transformó, tal vez sin pretenderlo, en un prodigioso ejercicio literario, una narración escueta y vigorosa donde late el pulso de un gran escritor. La publicación por entregas del reportaje en 1955 supuso un alboroto político considerable -se revelaba la existencia de contrabando ilegal en un buque de la Armada colombiana, lo que costó la vida de siete marineros y el naufragio, más afortunado, de Velasco- y el exilio para su autor, que se vio abocado a una nueva vida.
«El periodismo puede, y debe, echar mano de todos los recursos de la narrativa para crear un destilado, en lo posible, perfecto: la esencia de la esencia de la realidad». Veinticinco años han pasado desde la crónica más temprana de todas las que contiene esta antología del mejor periodismo de Leila Guerriero: un cuarto de siglo con los textos imprescindibles de la gran cronista en lengua española, quien ha revisado y ampliado este libro para la ocasión. Frutos extraños es una lección magistral de escritura en la que la autora nos descubre la cara más sensible, vigorosa y palpitante de su oficio. Aquí encontramos muchas de sus crónicas célebres: la historia de una mujer capaz de asesinar a tres amigas con cianuro, la de otra que mató a su hija minutos después de parirla o la de un mago manco. El volumen incluye también algunas de sus brillantes reflexiones sobre el acto de escribir e incorpora perfiles de figuras como Ricardo Darín o María Kodama, además de relatos de episodios históricos recientes que sin duda marcarán una época, como las últimas elecciones presidenciales en Argentina. Este compendio confirma a Leila Guerriero como la gran defensora de que no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad».
Millones de ejemplares de Cien años de soledad leídos en todas las lenguas y el premio Nobel de Literatura coronando una obra que se había abierto paso «boca a boca» -como gustaba decir el escritor- son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero. GABRIEL GARCIA MARQUEZ Escritor colombiano (1927-2014). Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, fue, además de novelista, cuentista, ensayista, crítico cinematográfico, autor de guiones y un intelectual comprometido con los grandes problemas de nuestro tiempo. Máximo exponente del «realismo mágico», es el creador de uno de los mundos narrativos más personales del siglo xx. Entre sus obras se encuentran las novelas Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, El general en su laberinto, El amor en los tiempos del cólera y Memorias de mis putas tristes; los libros de relatos Doce cuentos peregrinos y Todos los cuentos, y la autobiografía Vivir para contarla.
Un cuento para adultos que explora la intensa relación entre cuerpo y alma. Por el autor del bestseller internacional El Alquimista. María es de un pueblo situado al norte de Brasil. Todavía adolescente, viaja a Río de Janeiro, donde conoce a un empresario que le ofrece un buen trabajo en Ginebra. Allí, Maria sueña con encontrar fama y fortuna, pero acabará ejerciendo la prostitución. El aprendizaje que extraerá de sus duras experiencias modificará para siempre su actitud ante sí misma y ante la vida. Como un cuento de hadas para adultos, Once minutos es una novela que explora la naturaleza del sexo y del amor, la intensa y difícil relación entre cuerpo y alma, y cómo alcanzar la perfecta unión entre ambos.
El Aleph es un libro icónico de Jorge Luis Borges, el gran autor argentino admirado por García Márquez, Vargas Llosa, Banville y tantos otros escritores contemporáneos. Los cuentos que lo integran son un prodigio de puzles filosóficos, intrigas fantásticas o policíacas y personajes que se graban en la memoria, como Emma Zunz. «El inmortal» explora el efecto que la inmortalidad causaría en los hombres; «Los teólogos» es un sueño melancólico sobre la identidad personal; «La otra muerte», una fantasía sobre el tiempo; «El Aleph», publicado por primera vez en 1945 y que en 1949 dio nombre al libro, es uno de los mejores cuentos de todos los tiempos y aborda uno de los temas recurrentes en la literatura de Borges: el infinito. También puede leerse como una historia de amor con un comienzo memorable: «La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita».
Este volumen reúne la totalidad de la obra cuentística de Ricardo Piglia, organizada por el propio autor poco antes de morir. La narrativa breve recorre toda su carrera literaria, y aquí encontrará el lector desde su primer volumen de relatos, publicado en 1967 (después revisado y ampliado con nuevos textos), hasta las últimas producciones en este campo, escritas al final de su vida, entre las que destacan Los casos del comisario Croce, homenaje y vuelta de tuerca al género policiaco que tanto amó Piglia. Y entre medio, las dos narraciones largas de Prisión perpetua y los volúmenes Nombre falso –que incluye un prodigioso homenaje a Roberto Arlt– y Cuentos morales. La organización de este libro permite por un lado apreciar la evolución del Piglia cuentista y por el otro disfrutar de su rica versatilidad. Su concepción del género le lleva desde unos inicios en que, según sus propias palabras, tomaba como modelos a Hemingway y Borges, hasta formulaciones cada vez más híbridas, abiertas y heterodoxas de la narración breve: contaminando deliberadamente el relato con la reseña, el cuento con el ensayo o la ficción con la autobiografía, Piglia elabora textos que cruzan una y otra vez las fronteras y trabajan con todas las variantes posibles de la narración: la autobiografía, el cuento policial, el relato histórico, la ficción teórica, el diario, el relato sentimental, el cuento fantástico. Son las suyas narraciones que, además de contar historias, abren caminos, exploran límites y reflexionan sobre el arte de contar historias. Una tras otra componen el retrato de la cara B de un país, de una sociedad, y presentan un amplio repertorio de personajes, con especial querencia por los perdedores. Y entre esos personajes, uno recurrente, Emilio Renzi, trasunto del autor que asoma por toda su obra. Consagrado ya en vida como uno de los escritores fundamentales de la literatura en español del último tercio del siglo XX y de principios del XXI, la inconmensurable magnitud literaria de Ricardo Piglia se hace también patente en su narrativa breve, por lo que esta edición de su cuentística completa es un volumen ineludible.
"Altazor" y "Temblor de cielo" (1931), poemas en verso y en prosa respectivamente, son las obras clave del poeta chileno Vicente Huidobro, uno de los importadores de las vanguardias artísticas a España. Con el paso del tiempo se ha ido agrandando el eco de la calidad de su obra. En concreto "Altazor" es hoy para muchos una intensa obra metafísica además de un ingenioso juego de palabras. Para otros es la culminación del creacionismo, movimiento cuya paternidad se atribuye en general a Huidobro. Para todos es un texto tan admirable como desconcertante.
El debut narrativo, en 1984, de Roberto Bolaño en una obra escrita a cuatro manos con A.G. Porta. Ángel Ros se encuentra atrapado, incapaz de elegir entre los dos polos opuestos de su vida. Por un lado, su pasión por la sudamericana Ana Ríos Ricardi, su pareja, con la que se entrega a las aventuras más salvajes; por el otro, su proyecto inacabado, la obra Cant de Dèdalus anunciant fi. Por un lado, la música y la psicodelia desatadas; por el otro, la quietud del pensamiento bien razonado. Por un lado, The Doors y Jim Morrison, y, por el otro, James Joyce. Así pues, los lances, teñidos de violencia y fiereza, se entretejen con las hondas reflexiones que el protagonista y relator de la novela dedica al quehacer literario hasta disolverse en una misma realidad. Situada en Barcelona, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce supone el debut narrativo de Roberto Bolaño, que deja apuntadas entre líneas tanto su propia experiencia vital como los caminos que iba a recorrer su literatura. La edición se completa con el cuento Diario de bar, escrito también por ambos autores, y un prólogo de A. G. Porta en el que relata la experiencia de escritura a cuatro manos junto a Roberto Bolaño.
Libro de Manuel (1973) es una síntesis polémica de las búsquedas estéticas de Cortázar y de su interés por los movimientos revolucionarios de aquellos años. Puede leerse como un desplazamiento natural de los personajes y los temas de Rayuela hacia las urgencias y los fervores de un mundo convulsionado. Pero conserva de aquella novela fundamental toda la fantasía, el desenfado y la frescura que han hecho de Cortázar un escritor único e irrepetible dentro del panorama literario del siglo XX.
Una mirada turbia, torcida, nos muestra siempre el lado más oculto de lo cotidiano. Extrañeza en la que Trías se inserta naturalmente y se proyecta con una voz propia, reconocida como una de las más relevantes de su generación. Aquí hay gente que mira la muerte de cerca, la examina, la huele. Personajes —chicas, casi siempre— que vagan por el mundo solas, siempre de paso, con sus recuerdos y sus pérdidas, cicatrices que llevan como parte de un equipaje irremediable. Relaciones quebradas que son apenas el detonante de una búsqueda que siempre tiene que ver con la forma de decir las cosas, ese imposible que es la literatura.
Clara se encierra como último plan de salvación. Y en el encierro arrastra a sus pocos seres amados. Está sola y aterrada, y ha decidido poseer y conservar, cueste lo que cueste, el único amor imposible: el amor del padre. Sólo se permitirá un pequeño espacio de libertad: la azotea. Y de esa mínima porción de aire sacará fuerzas para darles respiración boca a boca a los que indefectiblemente ha condenado a morir. La azotea no es una novela sobre el incesto ni sobre la crueldad. Es una novela sobre la soledad y la tristeza, sobre la fragilidad del alma frente al infierno de la mirada de los otros. Fernanda Trías me confesó que nunca estuvo conforme con la primera versión. Diez años después se sentó a corregir: a buscar en lo que había dicho lo que verdaderamente quería decir. Lo encontró, sin duda. Y hoy nos trae esta versión definitiva, precisa, que convierte a La azotea en una valiosa obra de arte, fruto de la madurez literaria de una excelente escritora joven y prometedora.