En El curioso caso de Benjamin Button, un hombre nace viejo y rejuvenece con el tiempo. A medida que el mundo avanza para los demás, él retrocede hacia la infancia. Entre amores imposibles, amistades extrañas y una familia que no lo comprende, Benjamin lucha por encontrar su lugar. Esta historia melancólica y fascinante explora la identidad, el paso del tiempo y la naturaleza del amor, recordándonos que vivir es irrepetible en cualquier dirección. Con un tono poético, la narración invita a cuestionar lo normal y a abrazar lo extraordinario, mientras cada etapa revela una verdad íntima sobre ser humano.
El ensayo que da título a este libro, publicado originalmente en 1936, se propone como una historia de esa imagen, esa burdapalabra enriquecida por los desacuerdos humanos: la eternidad, un artificio que nos libra [...] de la opresión de lo sucesivo, tema también de "La doctrina de los ciclos" y "El tiempo circular". La índole de lo metafórico es asunto de "Las kenningar" y "La metáfora"; la de la traducción, lo es de "Los traductores de 'Las mil y una noches'". En "El acercamiento a Almotásin", que completa el volumen junto a "El arte de injuriar", Borges, al reseñar con detalle prolijo y erudito el libro del mismo nombre, juega: el libro no existe (al menos fuera de su imaginación). Tiempo y espacio, y en consecuencia eternidad e infinito, son en última instancia la materia básica de esta obra que tiene inscripto el germen que el genio borgeano desplegará durante medio siglo más.
Cada cuatro años, en la antesala de una nueva Copa del Mundo, reaparece una polémica que pretende ensombrecer la historia de la Celeste: ¿por qué Uruguay lleva cuatro estrellas en su camiseta? ¿Los torneos olímpicos de 1924 y 1928 pueden equipararse a campeonatos mundiales máximos? La respuesta que Pierre Arrighi ofrece es tan apasionada como rigurosa. En una época marcada por la liviandad de los comentarios virales y las opiniones sin sustento, la sólida argumentación de Cuatro estrellas de verdad desarma las versiones de quienes buscan reescribir la historia del fútbol a su conveniencia. Arrighi traza una defensa contundente de los triunfos uruguayos en Colombes 1924 y Ámsterdam 1928. Lejos de las simplificaciones habituales, demuestra que aquellos torneos fueron auténticos campeonatos mundiales abiertos, disputados por las mejores selecciones del momento y concebidos como la máxima instancia del fútbol internacional de su tiempo. Cuatro estrellas de verdad propone así una revisión radical del debate en torno al palmarés de la Celeste, con un objetivo claro: reemplazar el ruido de la polémica por el peso de la historia.
En el somnoliento pueblo de Fairhill nunca pasa nada. Los adolescentes se pierten contando historias de terror en el antiguo cementerio. Los padres confían en que sus hijos llegarán a casa del colegio sanos y salvos. Todos se conocen. Nadie vigila detrás de los visillos. Las puertas no se cierran con llave. Pero esta mañana todo eso va a cambiar. Porque Diana Brewer no está durmiendo dulcemente en su cama. Su cuerpo yace sin vida en un campo de heno rodeado de buitres. Así de rápido una chica se convierte en un fantasma. Y así una ciudad de rostros familiares y amables se transforma en un nido de sospechosos, en un lugar de miedo y paranoia. Alguien de Fairhill lo hizo. Todos quieren respuestas. Y una pregunta inocente podría ser mortal.
Este libro forma parte de un proyecto que inicié hace algunos años y se propone responder una pregunta: ¿cómo y cuándo se construyó la Argentina? Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de Argentina? ¿De un Estado? ¿De un territorio determinado? ¿De una identidad cultural? ¿De un espacio económico y social? Hablamos de todo eso al mismo tiempo. Argentina es, a esta altura del siglo XXI, todas esas cosas, pero a principios del siglo XIX no era ninguna de esas cosas, sencillamente porque no existía. Me pareció que las fechas límite, para el inicio y el final de esta indagación, podían ser 1806 y 1916. Y divido el proyecto en cuatro libros. El primero, Los días de la Revolución, va de 1806 a 1820. El segundo, Los días de la violencia, de 1820 a 1852. Éste, el tercero, arranca en 1852 y termina en 1880. En 1852 se produce la batalla de Caseros, en la que son derrotados la provincia de Buenos Aires y su gobernador, Juan Manuel de Rosas, y con esa derrota se derrumba la Confederación, la estructura política que había vinculado a las provincias rioplatenses a lo largo de dos décadas. A partir de entonces las provincias emprenden un camino nuevo: empiezan a erigir un Estado, sobre la base de la aprobación, en 1853, de una Constitución Nacional republicana, representativa y federal. Aceptan renunciar a una parte de su poder, es decir, de su soberanía, para entregarla a esa entidad nueva, a ese Estado central que deberá edificarse por encima de ellas. El proceso no va a ser fácil. A lo largo de estas casi tres décadas las provincias y ese Estado central que están consolidando pasan por un montón de vaivenes y de conflictos. Pero, más allá de ellos, la tendencia parece irreversible. Escribir estos libros es caminar por un desfiladero estrechísimo del que uno puede caerse fácilmente, hacia un lado, el del hermetismo, o hacia el otro, el de la simplificación. La única solución que encuentro, o más bien el único consuelo, es pensar, mientras escribo, que son una lección, o una serie de lecciones, que intentan ser amenas pero rigurosas.
Franz Kafka (1883-1924), novelista checo, nacido en Praga y muerto en Viena, es uno de los autores más originales de nuestro tiempo. Su estilo es denso, apretado, lleno de alusiones, sus personajes aparecen rodeados de misterio y alucinación. Sus obras más famosas son América, El castillo, El proceso, La metamorfosis, así como una infinidad de cuentos, género en el que fue un maestro.La Muralla China, es un enigmático relato que pertenece a una narración más extensa, terminada y destruida por el propio autor checo, Franz Kafka. Iniciado quizás en 1918, el relato conservado comprende dos fragmentos. Uno trata propiamente de la construcción de la famosa muralla. El otro profundiza en el carácter singular de la sociedad china durante la época imperial.
Bryden y Sam lo tienen todo: carreras profesionales brillantes, un apartamento en un edificio exclusivo, buenos amigos y una hija a la que adoran. La vida perfecta para la pareja perfecta. Hasta el día en que Sam recibe una llamada en su despacho porque Bryden no ha recogido a su hija de la guardería. Al llegar a casa con la niña, encuentra el coche de su mujer en el garaje. En el apartamento, el portátil de Bryden está abierto sobre la mesa, su móvil al lado, las llaves en su sitio habitual en la entrada. Pero Bryden no aparece por ninguna parte. Es como si se hubiera evaporado. ¿Cómo puede haber desaparecido de su propia casa? ¿Ha salido siquiera del edificio? A cada minuto que pasa —y a medida que las preguntas se acumulan entre quienes la conocían— el pasado de Bryden y Sam parece un poco menos perfecto, su edificio menos seguro, sus amigos, vecinos y familiares no tan fiables...
Debbie Mullen está al límite. Durante años ha ofrecido útiles y juiciosos consejos en su columna semanal, «Querida Debbie», a la que las mujeres de Nueva Inglaterra acuden en busca de empatía y sabiduría cotidiana. Gracias a su trabajo ha escuchado a innumerables esposas ignoradas, menospreciadas o incluso maltratadas por sus maridos. Y Debbie siempre hace lo posible por guiarlas en la dirección correcta. O, al menos, lo hacía. Últimamente, su vida está fuera de control. Acaba de perder su trabajo. Algo raro está ocurriendo con sus hijas adolescentes. Y su marido guarda secretos, o eso parece a juzgar por la aplicación de geolocalización que ella misma ha instalado en su celular. Pero Debbie ya está harta de hacer lo moralmente correcto. Harta de ser sensata y práctica. Ha llegado el momento de seguir sus propios consejos.
La hora de la estrella, el último libro publicado en vida de su autora, es una de las obras más brillantes de la literatura brasileña moderna. Esta es «la historia de una inocencia herida, de una miseria anónima», una breve e intensa visión del absurdo que supone una existencia anodina, una rutina vacía tanto de pensamientos como de afectos, como la de Macabea, la insignificante y escuálida joven del Noreste permanentemente anonadada, una muchacha que «no sabía que ella era lo que era» y que por ello «no se sentía infeliz». En las páginas de La hora de la estrella aparece con toda su fuerza el personalísimo estilo de Clarice Lispector, esa peculiar forma de transformar las palabras en imágenes vigorosas y puras se une aquí a una compleja y lograda estructura formal.
Una de las mejores novelas de la primera mitad del siglo XX escrita por el alemán Thomas Mann (1875-1955) y publicada en 1924. Narra la estancia del protagonista en el sanatorio antituberculoso de Aspen, en los Alpes y sus relaciones con los demás enfermos, mientras Europa se precipita inexorablemente a la Primera Guerra Mundial y las discusiones que suscitan dos de los internados, defendiendo uno de ellos, el espíritu de la Ilustración y la democracia, mientras el otro, preconiza la restauración de la teocracia y el autoritarismo. Relata también el extraño amor del protagonista hasta que conseguido éste, la pasión desaparece. También Thomas Mann, partidario del militarismo de su patria termina por aborrecerlo ante la llegada del Nazismo al poder. La Montaña Mágica se presenta como una premonición con una profundidad de los diálogos al cual más sugestivo.
A lo largo de una fantasmal semana de septiembre de 1982, se sucedieron en Buenos Aires cuatro asesinatos nocturnos, sobrios en el despliegue y curiosamente idénticos, a tal punto que se podría pensar en un mismo asesinato repetido cuatro veces. La policía buscó al asesino durante casi un mes, de manera tan intensa como inútil. Finalmente resultó ser un postadolescente de diecinueve años. Un muchacho raro y taciturno que, ya detenido, admitió los crímenes y los describió en detalle sin mostrar emoción alguna. No decía incoherencias, no deliraba, no daba la impresión de estar loco. Sin embargo, el acto mismo era lo loco. Los cuatro asesinatos eran tan específicos como carentes de motivo. No había ninguna razón ni secuencia lógica deducible que llevara a las muertes. Personalidad anómala. Trastorno esquizotípico de la personalidad. Síndrome esquizofrénico sobre personalidad psicopática. Trastorno de personalidad antisocial con núcleos esquizoides. Cuadro delirante crónico, compatible con parafrenia o paranoia. Psicópata esquizo perverso histérico. Autista. Estabilizado. Preso. Aquel muchacho raro de 1982 es hoy un hombre mayor que parece más un empleado público que un asesino en serie. En este libro, ese hombre habla con un escritor en el hospital psiquiátrico del complejo penal de Ezeiza. La conversación visita la nebulosa época de los crímenes y recorre distintos momentos de una historia llena de piezas faltantes, con una variable siempre presente: la extrañeza. Construido a partir de grabaciones de entrevistas, documentos forenses y recortes de diarios, Magnetizado es un texto raro y difícil de clasificar. Evita la interpretación y el juicio, dejando espacio para lo único que puede acercarnos a comprender la naturaleza de los crímenes: la voz de su protagonista. Acompañado por esa voz, el lector cruza la puerta del asesinato múltiple y se instala en la perturbadora habitación vacía que hay al otro lado. Un libro sobre el crimen, pero también sobre una manera de habitar el mundo, o de ausentarse en él.
He aquí la única novela de Nora Ephron, una de las más agudas y brillantes periodistas neoyorquinas: un libro muy divertido, a veces agridulce, escrito con un humor que se ha comparado con el de Woody Allen, Philip Roth y Erica Jong. Trata del naufragio de un matrimonio aparentemente feliz, y a la vez es una colorida crónica de costumbres de una cierta intelligentsia que vivió los trepidantes años sesenta y la guerra de Vietnam y que ahora está en su segundo o tercer matrimonio –una tribu a la que la narradora pertenece, conoce, ama y ridiculiza. Se acabó el pastel fue un resonante bestseller en Estados Unidos, donde fue considerado un roman à clef sobre la relación de Ephron con Carl Bernstein, el famoso reportero que investigó el caso Watergate. La narradora, Rachel Samstat, judía neoyorquina, hija de un actor secundario y de una agente de actores (que se especializaba en enanos y en rostros con cicatrices), es una escritora de libros de cocina con más ingenio que recetas, que vive en Washington y está casada con Mark, un afamado periodista político. Es feliz, tiene un hijo y está embarazada de siete meses cuando descubre que su marido está enamorado de Thelma, la esposa de un diplomático. Al parecer, todos, incluido el marido de Thelma, sabían lo que estaba sucediendo a espaldas de Rachel. Con esta obra, publicada originalmente en 1983 y adaptada al cine en 1986, Ephron demostró que su sagaz y cáustico talento también brillaba al servicio de la literatura. Pionera y maestra de las generaciones posteriores, las incitó desde varias disciplinas a no dejarse vencer ni por la rigidez de las convenciones sociales ni por los hombres sin escrúpulos: pese a las adversidades, la vida continúa.
Esta novela con declarada carga autobiográfica, un éxito impresionante en Francia desde su lanzamiento, cuenta la historia de una joven belga de 22 años, Amélie, que empieza a trabajar en Tokio en una de las mayores compañías mundiales, Yumimoto, quintaesencia de las empresas japonesas. Con estupor y temblores: así es como el emperador del Sol Naciente exigía que sus súbditos se presentaran ante él. En el Japón actual, fuertemente jerarquizado (en el que cada superior es, antes que nada, el inferior de otro), Amélie, afligida por el doble hándicap de ser a la vez mujer y occidental, extraviada en un hormiguero de burócratas y subyugada, además, por la muy japonesa belleza de su superior directa, con la cual tiene unas relaciones de franca perversidad, sufre una cascada de humillaciones. Trabajos absurdos, órdenes dementes, tareas repetitivas, humillaciones grotescas, misiones ingratas, ineptas o delirantes, jefes sádicos: la joven Amélie empieza en contabilidad, luego pasa a servir cafés, a la fotocopiadora y, descendiendo los escalones de la dignidad (aunque con un desapego muy zen), acaba ocupándose de los lavabos... masculinos.
Seis magníficos relatos, de uno de los autores más valiosos y significativos de las últimas décadas, que ahondan y, si cabe, perfeccionan su personal universo literario, con un broche de oro final: el relato que da título al volumen, reconstrucción imaginaria de los últimos días de Chéjov, que alcanza cotas de auténtica genialidad. Como en sus libros anteriores, Carver retoma sus temas de siempre: las tribulaciones de la América pobre, los problemas familiares y matrimoniales, la soledad de seres anónimos que consumen existencias grises y anodinas sobrellevando como mejor pueden una vida de perdedores. Pero en Tres rosas amarillas lleva su estilo y su fuerza narrativa hasta las últimas consecuencias: una prosa límpida y transparente que bucea en el misterio de la vida; procedimientos descriptivos ajenos a todo sentimentalismo y que plasma profundas emociones humanas; un lenguaje preciso y escueto cuya llaneza da lugar a atmósferas plenas de sentidos y contextos. En resumen, una obra maestra de un autor que ha sido merecidamente llamado el «Chéjov americano».
Jane Bowles escribió una única novela, perfecta, Dos damas muy serias, una pieza de teatro, En el cenador, y los relatos reunidos en Placeres sencillos; un conjunto de obras cuya influencia en la literatura ha sido mucho mayor de lo que cabría esperar por su brevedad. Sin embargo, fue suficiente para forjar un estilo vanguardista y libre, una combinación deslumbrante entre una prosa concisa y diálogos ágiles y febriles, poseedores de una mezcla de integridad infantil, candor surrealista y ágil precisión. Ambientada en Nueva York y Panamá, Dos damas muy serias narra la historia cruzada de la excéntrica Christina Goering y la insaciable Frieda Copperfield. La novela, escribe Luna Miguel, «lleva a preguntarnos por nuestros propios juicios, a menudo hipócritas, sobre la infidelidad, la orientación sexual y los conflictos de clase. Bowles no solo dice el pecado, sino también las pecadoras. ¿Y acaso no es ese desvelamiento el fin de toda buena literatura?». En el cenador se estrenó en Broadway en 1953 y refleja la compleja relación de Bowles con su propia madre. Tennessee Williams la consideraba no solo la obra más original que había leído nunca, «sino también la más insólita, la más divertida y una de las más conmovedoras. Una de esas piezas raras que no se ponen a prueba en el teatro, sino que ponen a prueba al propio teatro». En cuanto a los seis relatos y una «escena para títeres» que componen Placeres sencillos, destacan en especial el cuento que da título al libro y el denominado «Camp Cataract».
Cuando tenía trece años Dave Win conoció a los Hadlow. Un chico de extracción humilde, hijo de un sastre de origen birmano, iba a ser becado en un colegio de élite por una familia de filántropos. El padre, Mark, se convirtió en su mentor y protector, y la madre, Cara, también mostró su afecto por él. Sin embargo, las relaciones con el hijo de la pareja, Giles, fueron más complicadas. En su vejez Dave evoca ese encuentro que marcó su existencia. Forma parte de un escrito en el que rememora su vida a lo largo de varias décadas: los primeros amoríos juveniles, la pasión por el teatro, que le llevará a convertirse en actor, y, con la aparición de Richard, la inesperada llegada del amor verdadero y de la felicidad, ya cumplidos los sesenta. Las trayectorias de Dave y Giles, unidas en la infancia por el gesto altruista de los padres del segundo, no pueden ser más diferentes: frente al interés por las artes y la carrera interpretativa de Dave, Giles se convierte en un político ultraconservador que llegará a ocupar cargos ministeriales. A través de esos dos destinos disímiles y de los avatares de Dave, Alan Hollinghurst reconstruye medio siglo de cambios sociales en la Gran Bretaña contemporánea. La novela explora con agudeza temas como la clase social, la raza, la sexualidad y la política. También el modo en que la sociedad ha ido evolucionando: lo demuestra, por ejemplo, el sorprendente amor tardío que vive la madre del protagonista. Pero junto a esos cambios asoman los prejuicios, en un incidente dramático que marcará el final de la novela. En sus obras de madurez, Hollinghurst ha demostrado su genio para combinar la exploración de las emociones, los afectos y el deseo con la indagación en el funcionamiento de la sociedad de clases británica. Asoman aquí los colegios más exclusivos, el lugar de los descendientes de inmigrantes, el clasismo, el Brexit y las tensiones subterráneas que anidan en una sociedad que se mueve entre la añoranza de la tradición y la apertura hacia el futuro. Un libro conmovedor, sensual, divertido y profundo: Alan Hollinghurst en la plenitud de su talento.
Obra poética escrita en prosa. El contenido tiene una forma armónica, que surge de su inagotable y profunda poesía, de los sentimientos, del amor a la vida, a la naturaleza y al hombre. Saint-Exupéry escribe este canto de amor y ternura sin igual dirigido a los adultos, aunque posiblemente sean los niños los que puedan entender su bellísimo mensaje. Desde un pequeño asteroide, muy lejos de nuestro planeta que lucha por sobrevivir, brilla la imagen de este dulce niño tratando de rescatar los mejores sentimientos humanos olvidados.
Después de encontrar a Lucile, su madre, muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica de Georges, abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho, o las conversaciones que mantiene la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria de los Poirier. Nos hallamos ante una espléndida, sobrecogedora crónica familiar en el París de los años cincuenta, sesenta y setenta, pero también ante una reflexión en el tiempo presente sobre la «verdad» de la escritura. Y muy pronto descubrimos, detectives-lectores también nosotros, que son muchas las versiones de una misma historia, y que narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla, y que esta elección a veces es dolorosa.
En su primera incursión en el género teatral, Delphine de Vigan nos sitúa en el corazón de un rodaje de cine, desplazando su mirada hacia aquellos que habitan el último escalón de la industria: los figurantes. Cuerpos anónimos que al final no serán más que una sombra desenfocada, pero que pasan horas esperando y soportando todo tipo de incomodidades sin que nadie se preocupe de ellos. Cuerpos que, pese a todo, son imprescindibles para dotar de realismo y verosimilitud a la ficción. Orso, Cécile, Bruno, Joyce y Nora son un grupo de figurantes habituales de todo tipo de películas que aguardan indicaciones. En las interminables esperas entre toma y toma, matan el tiempo compartiendo anécdotas, se someten a la rutina absurda de los cambios de vestuario y se enfrentan a la certeza de que, cuando finalmente llegue el momento de aparecer en pantalla, quizá nadie repare en ellos. Poco a poco, las máscaras van cayendo y se revelan confesiones más íntimas: la fatiga de Cécile tras años trabajando en un hospital, la necesidad de pertenencia de Bruno, la rabia de Nora frente a un sistema que la relega incluso cuando actúa, el deseo de Joyce de ser vista apenas un instante, la inseguridad de Orso… Las escenas, que oscilan entre lo cómico y lo melancólico, revelan un ecosistema precario: horarios abusivos, pruebas interminables, y una insalvable fractura jerárquica entre las estrellas y los desconocidos.
Escribí Matate, amor con ánimo de venganza. No recuerdo nada salvo eso, que una tarde del final de un verano de tormentas eléctricas de 2011 en mi casa en el campo francés, me tiré al pasto, es decir, «me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y tuve la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular». Recuerdo que me levanté del pasto con el cuello ensangrentado, caminé directo a mi cuarto, entré por la ventana y me senté a escribir la primera frase de lo que sería Matate, amor. Pero eso no fue escribir. Eso que llaman escribir es mentira, es algo de lo que hay que dudar, eso que llaman escribir es otra cosa siempre, una guerra, caminar sonámbula, ver enemigos en todos lados, es algo de otra dimensión. Palabra por palabra, frase por frase, coma por coma, punto por punto, nada fue corregido ni alterado por ningún editor en ninguna edición. No porque sea genial ni por superstición, sino para conservar en esa primera página la música única de esa tarde de fin de verano de 2011. Escribir para hacer perdurar la desaparición. Escribí entonces, como un ajuste de cuentas, como un pacto con la mafia, si no está permitido disparar, incendiar establos o secuestrar vecinos, al menos es otro modo de hacer justicia por mano propia. Escribí Matate, amor durmiendo con el enloquecedor llanto del bebé encima, mirando a los gatos bajo la escarcha, con roedores desfilando por la casa, con el AJJJAJJJ de una lechuza que escupía los cerebros que no podía deglutir y sin saber que estaba escribiendo una novela, sin ser nada, mucho menos escritora. Qué asco hablar, dice ella, qué asco escribir. Escribir sin saber que se está escribiendo, escribir la antiescritura, el sueño alto de todo escritor. Pasaron catorce años desde aquella vez en la que me tiré al pasto en un estado demencial, Matate, amor fue llevada a juicio y fue leída en una sentencia por un juez de provincia francés. Soñé que lo esperaba a la salida del Tribunal de provincia y lo mataba, o que lo seguía hasta su casa y lo envenenaba. La novela fue citada en mi contra como: «ejemplo de que una novela en la que el personaje odia la maternidad, vuelve mala madre a la autora». Escribir no es, como se quiere hacer creer hoy, adherir a una ideología, militar por una ideología, someterse a una identidad, escribir es oponerse al mundo. Esta obra fue adaptada al cine bajo su título original en inglés, Die, My Love, y se estrenó en Competencia Oficial en el Festival de Cannes en mayo de 2025. Producida por Martin Scorsese y dirigida por Lynne Ramsay, fue protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson. Cercana al universo Thomas Bernhard, esta novela nos revela que es en el lenguaje donde se aloja la única libertad posible.