El filósofo alemán Eugen Herrigel cuenta en este libro sus seis años como discípulo de uno de los más reconocidos maestros de arquería (kyudo) de Tokio, cómo superó gradualmente sus inhibiciones y aprendió a estirar el arco libre de intención y con un tipo de «fuerza no forzada» que permitía al tiro desprenderse del tirador como fruta madura que cae de la rama. Esta experiencia le mostró nuevas certezas y transformó todo su ser. El libro, traducido a más de treinta idiomas y permanentemente reeditado desde que se publicó por primera vez en 1953, posee la virtud de presentar lo más profundo de la doctrina Zen desde la mente de un occidental; ofrece además una enseñanza de vida válida para todas las disciplinas y especialmente útil para las nuevas generaciones de lectores.
¿Alguna vez escuchaste la expresión “El cuerpo no miente”? ¿Por qué durante estas últimas décadas estuvimos más interesados en los misterios del cerebro y no de nuestro verdadero templo único, nuestro cuerpo? Luego de años de dedicarme al estudio del cerebro, me di cuenta de que nos faltaba algo: aprender a sentir lo que sentimos. La experiencia de nuestra experiencia. Escuchar, registrar y entender a nuestro cuerpo y su relación con el cerebro. ZensorialMente es la bitácora para que fortalezcas entonces la inteligencia que te falta, tu inteligencia sensorial: el vehículo fundamental para que aprendas cómo tus sentidos internos distribuidos por todo tu cuerpo se relacionan con el afuera y le envían información al cerebro. La sensación es tu primer sentido en desarrollarse y junto con el movimiento son los datos crudos que tu cuerpo aporta para construir tus emociones y tu realidad. Pensá en las sensaciones como la banda de sonido de una película. Tienen el poder de hacerte sentir feliz, triste, esperanzado o al límite. Te propongo seis movimientos a través de los cuales sentir tu cuerpo. Cuando desarrolles el poder de entenderlos y distinguirlos, podrás habitar un estado de calma atenta, uno de los pilares de la filosofía zen. Así tus acciones serán guiadas mucho más por tu intuición que por tu esfuerzo consciente. Solo necesitás dejar que tu cuerpo, esta vez, sea tu cerebro.