Este libro esencial documenta la configuración de la sociedad digital en todo el mundo y examina sus consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales. A partir de la investigación académica y del análisis empírico más rigurosos y actualizados, Manuel Castells explora el profundo impacto que la tecnología y la transformación digital siguen teniendo en nuestro mundo.
En los trabajos que componen el político y el científico –precedidos en esta edición por un prólogo de Raymond aron–, Max Weber (1864-1920) reflexiona acerca de la contraposición entre el quehacer del investigador y el comportamiento del hombre de acción. Por una parte, las virtudes del político parecen incompatibles con las cualidades del hombre de ciencia; por otra, sin embargo, existe una comunicación dialéctica entre conocimiento y acción, ya que el saber objetivo favorece un comportamiento racional y aumenta las probabilidades de conseguir las metas que el político se propone. Otras obras de Max Weber en esta colección: la ética protestante y el espíritu del capitalismo, conceptos sociológicos fundamentales, sociología del poder, por qué no se deben hacer juicios de valor en la sociología y en la economía, la objetividad del conocimiento en la ciencia social y en la política social y escritos políticos.
Las disputas, en muchos casos sangrientas, entre las diversas sectas cristianas surgidas a raíz de la Reforma, provocaron ya desde fecha temprana una fuerte inquietud en el pensamiento europeo. John Locke (1632-1704), destacado representante del empirismo filosófico, tampoco pudo sustraerse a la preocupación por este problema. En el "Ensayo sobre la tolerancia" (1666) y, más tarde, en la "Epistola de tolerantia" (1685) propugnó la separación entre la Iglesia y el Estado y la aceptación de todo tipo de opinión religiosa que no atentara contra los principios fundamentales de la sociedad constituida, dos principios que continúan teniendo plena vigencia en el pensamiento político moderno. Introducción y traducción de Carlos Mellizo
Publicado en 1904, el artículo titulado "La "objetividad" del conocimiento en la ciencia social y en la política social" contiene los elementos fundamentales de la concepción de la ciencia social alumbrada por Max Weber y puede considerarse, por ello, como uno de los escritos fundacionales de la sociología contemporánea. En sus páginas, Weber expone su concepción de la nueva ciencia social, señalando ante todo su objeto de estudio (el significado cultural de los fenómenos sociales) y la naturaleza y características de los conceptos con los que opera (los tipos ideales). La ciencia social weberiana se destaca por la función metodológica que desempeñan en la delimitación del objeto de investigación los valores dominantes en la sociedad, pues es precisamente la relación con algún valor de una cultura dada la que suministra al investigador la perspectiva para construir su objeto de estudio. Este perspectivismo y el hecho de que los valores o ideas dominantes cambien en el tiempo no implica, sin embargo, que los resultados de la ciencia social sean subjetivos, pues también el científico social está sometido, en la aplicación de los instrumentos conceptuales con los que opera, a las normas del pensamiento.
Veinte años después de "La democracia en América", un clásico del pensamiento político publicado también en esta colección, Alexis de Tocqueville (1805-1859) dio a la prensa "El Antiguo Régimen y la Revolución" (1856), obra que combina la investigación histórica con la sociología comparada. El predominio del poder real, el crecimiento económico, la centralización administrativa, el ascenso de la burguesía y la decadencia de la aristocracia pusieron en marcha, a lo largo del siglo XVIII, un proceso irreversible que desembocaría en la transformación revolucionaria de 1789. Ahora bien, pese a la cesura que significó la subversión del orden establecido, algunas tendencias iniciadas bajo el Antiguo Régimen y los elementos de continuidad histórica, especialmente el fortalecimiento del Estado, siguieron actuando en el período posterior, «de tal suerte (escribe Tocqueville) que para comprender bien la Revolución era preciso olvidar por un momento la Francia de nuestros días e ir a interrogar en su tumba a la Francia que ya no existe». La presente edición se basa en la cuarta edición francesa, de 1858.
En las obras reunidas en este volumen Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) sienta los fundamentos del que habría de ser su pensamiento filosófico y social, estableciendo la bondad de la naturaleza primigenia del hombre, corrompida por los “avances” de la sociedad. En el “Discurso sobre las ciencias y las artes” (1750) argumenta con firmeza esta tesis que iba contra las ideas dominantes en la corriente ilustrada, abriendo un nuevo camino de reflexión. En el “Discurso sobre el origen de la desigualdad” (1755) Rousseau arranca de esa visión idílica del hombre natural para profundizar en los enunciados de la obra anterior. El estado de naturaleza desaparece cuando el hombre pasa a la fase social; la convivencia genera en el individuo intereses, males y vicios; nace entonces la desigualdad y aparece la propiedad particular; ese estado de guerra larvada entre individuos no puede tener solución sin un pacto social que resuelva diferencias, elimine desigualdades y fije unas leyes que garanticen la libertad de todos: este pacto será el objeto unos años más tarde de la obra maestra del pensamiento político de Rousseau, “Del Contrato social”, también publicada en esta colección.
Brillante y apasionado ensayo que ha ejercido una decisiva influencia sobre la teoría social y política contemporánea, "La miseria del historicismo" incide en la debilidad interna que aqueja a la estructura teórica de esta corriente de pensamiento y que es partir de una premisa tan errónea en su planteamiento como falaz en sus implicaciones: la certeza de que la evolución humana puede ser objeto de predicción mediante el descubrimiento de los ritos, modelos, leyes o tendencias que supuestamente gobernarían su curso. Ahora bien, como argumenta Karl R. Popper en esta audaz crítica, dado que la historia humana está influida de forma crucial por el crecimiento del conocimiento, y dado también que no cabe anticipar hoy lo que sabremos mañana, la pretensión de predecir así el futuro carece de todo fundamento científico y pertenece al campo de la pura superstición.
Aunque Karl Marx no empleó nunca la expresión "materialismo histórico", acuñada posteriormente por algunos de sus seguidores, lo cierto es que la recepción habitual de su obra considera la teoría que recibe este nombre como la más característica de su pensamiento. Su carácter pionero por lo que se refiere a la atención que presta al modo en que las formas de producción y distribución de la vida material, en sentido amplio, influyen en distintos ámbitos de la vida social, ha acabado siendo, por otro lado, punto de consenso en las ciencias sociales de toda orientación. Partiendo de la base de que no existe un corpus razonablemente definido que obedezca a esta etiqueta, sino más bien una serie de estrategias de investigación a las que Marx fue dando distinta importancia a lo largo de su vida y que mantienen una relación de tenso equilibrio, "Escritos sobre materialismo histórico" ofrece en un solo volumen los textos canónicos esenciales en que se formula la concepción materialista de la historia, respetando al mismo tiempo las distintas voces teóricas que bullen a lo largo de esta trayectoria intelectual sin forzar una falsa coherencia. Selección de César Rendueles
Obra de fulminante éxito en el momento de su aparición, "De los delitos y de las penas" es un apasionado alegato contra la pena de muerte, la tortura y, en general, la desproporción entre los delitos cometidos y los castigos aplicados, que Cesare Beccaria (1733-1781) dio a la imprenta de forma anónima en 1764. La presente edición -preparada por Juan Antonio Delval- incluye el extenso "Comentario" que Voltaire publicó en 1766 y que lleva hasta sus últimas consecuencias la enérgica protesta con que la Ilustración acompañó su crítica de la situación existente en el ámbito penal y sus propuestas de fundamentar el derecho que le es propio sobre nuevas bases.
Considerada como punto de partida de una nueva etapa de la sociología, "Las reglas del método sociológico" (1895) constituye una de las obras fundamentales de Émile Durkheim (1858-1917). Varias son las ideas relevantes de esta obra clásica: la distinción entre lo normal y lo patológico, la diferenciación entre estructura y función, la noción de ideología. Sin embargo, Santiago González Noriega -prologuista, anotador y traductor de esta edición- destaca el concepto de "hecho social" como la contribución más preciosa de Durkheim a la teoría sociológica. Completan el volumen otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales, dedicados asimismo al estudio del concepto y del método de la Sociología: «La concepción materialista de la historia», «Nota sobre la morfología social», «Sociología y ciencias sociales», «Debate sobre la explicación en historia y en sociología» y «Una definición de la sociedad».
«Estoy plenamente convencido de que las especies no son inmutables, sino que las que pertenecen a lo que se conoce como un mismo género son descendientes directas de alguna otra especie por lo común extinta, de igual modo que las variedades reconocidas de una especie cualquiera son descendientes de esa especie. Es más, estoy convencido de que la selección natural ha sido el mecanismo principal de modificación, aunque no el único.» La publicación de la primera edición de "El origen de las especies" en 1859 no sólo sacudió los cimientos de la ciencia natural, abriendo un nuevo camino para todas las disciplinas que se agrupaban bajo ese amplio sello y facilitando el nacimiento de muchas otras, sino que supuso también una auténtica revolución en la forma en que el ser humano se había entendido a sí mismo hasta la fecha. Este volumen recupera la sexta y definitiva edición de una de las obras capitales del pensamiento occidental en una nueva y cuidada traducción a cargo de Dulcinea Otero-Piñeiro, fruto de un minucioso trabajo de años, para seguir haciendo accesible el texto darwiniano al público hispanohablante. Se acompaña, además, de una valiosa introducción de Miguel C. Botella, catedrático de antropología física de la Universidad de Granada, que contextualiza la aparición del libro y su importancia histórica, así como su recepción en España y su imborrable influencia en el desarrollo posterior de las disciplinas biológicas.
Obra concebida desde y para la lucha ideológica y política, "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado" (1884) es uno de esos libros donde los significados y las consecuencias desbordan ampliamente lo que se dice en sus páginas. Si bien su intención era mostrar cómo las columnas sociales, económicas y políticas del mundo decimonónico descansaban en terreno inestable, pues eran estadios terminales de dilatados y universales procesos históricos, y señalar a quienes nunca podrían acceder a la universidad que su destino no era permanente ni irremediable, la presente obra de Friedrich Engels (1820-1895), con sus brillantes atisbos y sus inocultables errores -bien deslindados por el autor del prólogo al volumen-, ha acabado ocupando por derecho propio un lugar innegable entre los clásicos del pensamiento.
Lo que la ciencia nos revela sobre la psicogenealogía Repeticiones de aniversarios, nacimientos que coinciden con fechas de acontecimientos determinantes para una familia determinada, accidentes similares que ocurren a lo largo de varias generaciones... e, incluso, enfermedades que revelan lo que una madre o un abuelo han vivido: la historia familiar suele mostrar repeticiones. Recuerdos que no nos pertenecen se vuelven presentes y activos en nuestra vida hasta el punto de que algunas personas piensan que se enfrentan a un destino. ¿Cómo todo ello es posible? La herencia de una memoria familiar tiene su origen en la intensidad de las emociones vividas por nuestros antepasados durante un acontecimiento traumático. Estas emociones se memorizan, se almacenan, antes de ser transmitidas de manera invisible pero muy efectiva. Recientes descubrimientos científicos (transmisión epigenética, efectos de un trauma, neuronas espejo u ondas cerebrales) describen procesos fisiológicos que nos permiten comprender cómo la historia de un ancestro puede alcanzarnos y marcarnos con su huella antes incluso de que se produzca nuestra concepción. También muestran que podemos transformar ese legado y cómo hacerlo. Vincent-Théo Van Gogh, Arthur Rimbaud y Sigmund Freud, supervivientes de genocidio o criminales... y otros amigos nos acompañan en este descubrimiento.
¿Qué es exactamente el Nuevo Orden Mundial? ¿Una conspiración de las élites, un movimiento social, una ideología, un cambio inevitable ante las modificaciones de las estructuras culturales, sociales, económicas y políticas que está sufriendo el mundo actual, o algo tan antiguo como el Renacimiento y la Ilustración que aún no han llegado al mundo entero? ¿Es un fenómeno exclusivo del mundo occidental y de las sociedades modernas más avanzadas, o compete y afecta a todo el planeta? ¿Es positivo y dará paso a una Nueva Era de la humanidad, o es negativo y será un sistema aún más tiránico y opresivo que el actual? Jay Tatsay (Mumbay, 1980), desde su perspectiva cultural y como sociólogo graduado en la Universidad de Barcelona, intentará dar respuesta a todos los interrogantes sobre el Nuevo Orden Mundial, que a unos amenaza y amedrenta, y a otros les parece un cambio inevitable y al que ya estamos sometidos.
El capitalismo financiero muestra su cara más despiadada: destruye la industria y condena a las clases trabajadoras a un estrés creciente y una salud menguante, a la segregación y la inseguridad social, mientras aumenta la deuda pública y resquebraja la vida comunitaria, alentando la competencia y el resentimiento. En medio de esta crisis global, muchas personas ya no creen en los partidos políticos y buscan nuevas opciones, sean de derecha o de izquierda. ¿Qué hacer para que la crisis del orden neoliberal alumbre algo mejor para las mayorías? Con talento conceptual y espíritu militante, Nancy Fraser aventura una hipótesis incómoda: si el neoliberalismo pudo sostenerse tanto tiempo, es porque conformó una alianza con los sectores progresistas, que le aportaron carisma y cobertura ideológica. Así, Fraser alerta contra ese progresismo que dejó de cuestionar la jerarquía social en pos de diversificarla, y que, a fuerza de luchar por derechos para las mujeres, los colectivos LGBTQ+ y otras minorías, perdió de vista la desigualdad y la brecha de clases y, así, terminó dándole una pátina emancipadora y cosmopolita a un sistema cada vez más regresivo. En una discusión rica con el feminismo y el progresismo, Nancy Fraser llama a construir una nueva hegemonía. Ante el peligro de que la crisis abra la puerta a soluciones reaccionarias (increíblemente reaccionarias incluso), aboga por un populismo progresista, un imaginario de izquierda potente y capaz de entusiasmar con la promesa de una sociedad menos hostil y más igualitaria.
Estamos entrando en una nueva era: las placas tectónicas geopolíticas han comenzado a moverse de nuevo. Los neoimperios han despertado de su letargo y han decidido cuestionar el orden internacional. China y Rusia quieren vengarse de Occidente y rehacer el mundo a su gusto. La Guerra de los Mundos ha comenzado. Esta guerra se librará desde Ucrania hasta Taiwán, desde el fondo del mar hasta el espacio exterior, en las minas de litio y en el ciberespacio. Será larga y enfrentará no solo a dos bloques, sino a una familia occidental, más bien liberal, contra una autoritaria familia euroasiática. Será una lucha por la influencia a escala global, marcada por las crisis y los conflictos regionales. ¿Estamos, como en la década de 1910, en vísperas del gran choque de imperios? ¿O, como en la de 1930, ante el surgimiento de un totalitarismo agresivo? ¿O, como en los años cincuenta, al comienzo de una nueva forma de Guerra Fría? ¿Qué pasaría si Occidente no estuviera en tan mala posición para ganar esta nueva guerra? ¿Y si sus debilidades fueran menos importantes que las de sus oponentes?
Teología del capital" encara una genealogía de la economía en su dimensión religiosa, poniendo de manifiesto los orígenes de orden teológico o religioso que fundan categorías económicas que hoy se consideran como objetos racionales y naturalizados. Se trata en este libro de mostrar cómo las diferentes categorías de la economía política adoptan su fuente en categorías religiosas o teológicas. Así, en cada una de ellas, a saber, el mercado, la moneda, el interés, la contabilidad, la propiedad, el trabajo o la técnica, se intenta comprender cómo se transformaron en una relación de contradicción con el proceso de secularización. Si, como escribió Chesterton, "el mundo moderno está lleno de antiguas virtudes cristianas que han enloquecido", para Édouard Jourdain es en la economía donde esta caracterización encuentra su mayor desarrollo. Nada más mundano, nada más secular, nada más racional, en apariencia, que la economía. Pero, ¿si esta no fuera más que una ilusión? Rechazando las fáciles evidencias de una vulgata económica convertida en la ideología contemporánea por defecto, Jourdain propone en "Teología del capital" mapear los vínculos que existen entre los conceptos económicos mejor establecidos y su origen en los grandes debates teológicos que han revestido la historia de Occidente. En momentos en que el capitalismo tambalea sobre sus bases comprender de dónde provienen los modelos intelectuales de los que surge se vuelve una tarea urgente, y quizás sea a partir de esta comprensión que podamos comenzar a emanciparnos de ellos. Es esta la tarea que "Teología del capital" afronta.
En los últimos años, la mediación como práctica social se ha robustecido e instalado gracias a la labor de los profesionales involucrados, tanto a nivel simbólico como práctico. Fueron años dedicados a dar inicio e instalar esta práctica, al seguimiento de su materialización, a las luchas por la asimilación de la mediación a diversos discursos disciplinares, a la búsqueda de reconocimiento social para el dispositivo, a la inclusión o exclusión de distintas profesiones, al diseño de programas de formación y a su profesionalización. En medio de esta evidente complejidad, la preocupación por la calidad quedó a la zaga en cuanto materia pendiente para el futuro. Ha llegado, hoy, ese momento siempre postergado. Hacia una mediación de calidad aborda las problemáticas relativas a la evaluación de este sistema, habida cuenta de que el éxito de cualquier práctica social requiere del cuidado, la atención y el control de su calidad. De aquí, el fundamental aporte de esta obra, que expone y evalúa estándares, pautas e ideales determinantes de los logros a alcanzar, paso fundamental y necesario para toda evaluación efectiva.
Un clásico sobre la constante transformación del hombre ante la sociedad de la imagen. Nos encontramos en plena revolución multimedia. El homo sapiens, producto de la cultura escrita, se está transformando en un homo videns para el cual la palabra ha sido destronada por la imagen. Y en todo ello la televisión cumple un papel determinante. La primacía de lo visible sobre lo inteligible lleva a un ver sin entender que ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas. Ésta es la premisa fundamental a partir de la cual el gran pensador italiano Giovanni Sartori examina en esta obra -ya clásica y, sin embargo, hoy más actual que nunca- la vídeo-política y el poder político de la televisión; la conversión del vídeo-niño en un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita; la formación de la opinión pública, y la cantidad de saber que pasa -y no pasa- a traves de los canales de comunicación de masas. Ante el avance imparable de la edad multimedia ¿aparecerá una nueva forma de pensar, un postpensamiento acorde a la nueva cultura audiovisual?
Cuando en 1996 Ramon Rovira aterrizó en los Estados Unidos como corresponsal de TV3 en Washington, comenzó a vivir la que describe como la mejor época de su vida profesional. Su estancia allí, hasta poco antes de los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, coincidió con el segundo mandato presidencial de Bill Clinton, un periodo de gran prosperidad para el país, y con los primeros meses de la presidencia de George W. Bush, después de una victoria polémica y agónica sobre Al Gore. Durante esos años, el periodista cubrió las informaciones más importantes de la primera potencia mundial, y sobre todo fue testigo de un país innovador y poderoso a todos los niveles, una tierra de oportunidades, creatividad, pragmatismo y espectáculo, pero también de desigualdades, racismo, violencia y consumismo, el reverso del sueño americano. Sin pretensiones académicas, estas páginas son una reflexión sobre un país grande y un gran país, observado desde una perspectiva personal y la experiencia adquirida. Y también un toque de alerta sobre los juicios estereotipados con que solemos juzgarlo, especialmente ante los desafíos a los cuales nos enfrentamos que comprometen los principios de la libertad y la democracia.