«Ningún conocimiento oculto ha sido tan celosamente guardado como los fragmentos de las enseñanzas herméticas, los que han llegado hasta nosotros a través de las centurias transcurridas desde los tiempos del Gran Fundador, Hermes Trismegisto, «el elegido de los dioses», quien murió en el Antiguo Egipto, cuando la raza actual estaba en su infancia.» Es estas palabras se resume lo que es El Kybalión: nada menos que la obra cumbre del ocultismo universal. La obra de Hermes es la prístina alfaguara de donde brotan las aguas de la gran verdad espiritual que han hecho germinar tantas y tan extrañas religiones y mitologías a lo largo de la historia. Mas a pesar de estas variaciones exotéricas y corruptibles, la verdad original enseñada por Hermes, esotérica e incorruptible, ha sido guardada intacta, en su pureza primitiva, por un reducido número de hombres que en cada época reservaron su conocimiento para aquellos que estaban prontos para comprenderlo.
Haanel no concibió esta obra como un libro. Él era un hombre eminentemente práctico, y su objetivo era escribir la obra definitiva que sirviese de herramienta a sus lectores para ser ellos diseñadores y constructores de su propio destino. Con este fin expuso claramente, en forma de lecciones pautadas, distribuidas en 24 semanas, y con ejercicios, el sistema para usar la Llave Maestra, es decir, la llave que nos abre cualquier puerta que deseemos abrir. En estas páginas se nos muestra cómo intervenir certeramente en apoyo de nuestros propios intereses, usando el poder de la mente, cultivando una auto comprensión que permite controlar el cuerpo y la salud, desarrollando la percepción o destruyendo todo pensamiento limitador —como la desconfianza, la depresión o el miedo— mediante su sustitución por la confianza en uno mismo.
Reseña: Invitado por la Escuela de Criminología de la Universidad Católica de Lovaina, en 1981 Michel Foucault dicta las seis clases del curso Obrar mal, decir la verdad. Función de la confesión en la justicia, en un contexto marcado por los debates entre abolicionistas y partidarios de posiciones de “mano dura” en torno a la reforma del Código Penal. En ese sentido, el curso contribuye a socavar el discurso criminológico de la peligrosidad. Pero Foucault va más allá: reflexiona acerca de la larga historia de la confesión, del “decir la verdad” en las instituciones judiciales y religiosas de Occidente, de los poderes y los efectos que tiene la obligación de decir la verdad sobre sí mismo. A modo de presentación, evoca una escena ciertamente dramática que transcurre a mediados del siglo XIX: un psiquiatra francés induce a un enfermo que ha sufrido delirios y alucinaciones a reconocer que nada de lo que relata ha ocurrido, que sólo se trataba de locura; por la fuerza, lo obliga a reconocer su condición de loco, confesión que se convierte en un elemento decisivo en la cura. Esta escena revela la complejidad de una práctica que, aun bajo coacción, necesita suponer un sujeto libre que se comprometa a ser lo que afirma ser. A lo largo del curso, con deslumbrante erudición y fluidez, Foucault analiza la trayectoria de ese acto verbal mediante el cual el sujeto plantea una afirmación sobre lo que él es, queda vinculado con esa verdad, se pone en una relación de dependencia o sumisión respecto de otro y modifica a la vez la relación que tiene consigo mismo. Publicada por primera vez casi en simultáneo en francés, inglés y español, esta obra traza la historia de una práctica que se extiende desde la Antigüedad griega, pasando por el examen de conciencia y la “confesión tarifada” en el ámbito medieval y cristiano, hasta el dominio moderno y contemporáneo. Una práctica que no cesa de crecer hasta involucrar casi todos los aspectos de la vida personal, y que revela tanto los procedimientos judiciales de producción de un efecto de verdad como la necesidad del sujeto de tener un discurso de verdad sobre sí mismo. En Obrar mal, decir la verdad, la exposición de Foucault va mucho más allá de cuanto se sugiere en el subtítulo. En efecto, no se trata sólo de la función de la confesión en la justicia, sino de una historia de la confesión desde Homero hasta el siglo XX, en la que Foucault nos muestra las líneas que vinculan los dos extremos de su proyecto en torno a la sexualidad. Este curso es, de algún modo, el eslabón perdido de la Historia de la sexualidad.
El diálogo como forma de expresión era un estilo poco conocido antes de Platón, considerándosele el creador de éstos. Aunque en realidad era la forma habitual con que Sócrates expresaba sus ideas cuando conversaba con alguien, en la calle o en las plazas públicas, y Platón seguramente se propuso sólo intentar comunicar lo más fielmente posible el mensaje de su maestro.
Entre las siete tragedias de Sófocles (c. 496-406 a.C.) que se han conservado completas, Antígona ocupa sin duda un lugar privilegiado. Como figura heroica la trascendencia de la protagonista ha propiciado innumerables relecturas a lo largo de los siglos (con una excelente acogida en el teatro contemporáneo) y ha dado pie a especulaciones filosóficas de todo pelaje. El personaje, encarnación del conflicto entre individuo y sociedad, lo consiente y lo aviva. Creonte, rey de Tebas, impone la prohibición de dar sepultura a Polinices, alzado contra el estado y muerto en lucha fratricida. Antígona, contraviniendo esas órdenes explícitas, arroja un puñado de tierra sobre el cadáver de su hermano, proporcionándole así un enterramiento simbólico.
Entre las siete tragedias de Sófocles (c. 496-406 a.C.) que se han conservado completas, Antígona ocupa sin duda un lugar privilegiado. Como figura heroica la trascendencia de la protagonista ha propiciado innumerables relecturas a lo largo de los siglos (con una excelente acogida en el teatro contemporáneo) y ha dado pie a especulaciones filosóficas de todo pelaje. El personaje, encarnación del conflicto entre individuo y sociedad, lo consiente y lo aviva. Creonte, rey de Tebas, impone la prohibición de dar sepultura a Polinices, alzado contra el estado y muerto en lucha fratricida. Antígona, contraviniendo esas órdenes explícitas, arroja un puñado de tierra sobre el cadáver de su hermano, proporcionándole así un enterramiento simbólico.
Desde la óptica de Émile Durkheim, la característica mayor de nuestras sociedades es el proceso de diferenciación social: el incremento de la división social del trabajo, la multiplicación de roles y funciones sociales, la complejidad creciente de la estructura social y el predominio definitivo del grupo profesional sobre los demás sistemas de diferenciación social conocidos (linaje, territorio, religión, etc.). Explicar esto, extraer las correspondientes consecuencias práctico-políticas de la ciencia social, son los temas mayores de la División del trabajo social.
Con veintidós años Charles Darwin se embarcó como naturalista sin paga en el navío de reconocimiento HMS Beagle para emprender una expedición científica alrededor del mundo. Fruto de esta experiencia fue tanto su Diario del viaje del Beagle como su obra capital El origen de las especies, para muchos el libro científico más influyente jamás escrito, donde explicaba la evolución de todas las formas de vida ancestrales que habían poblado la Tierra a lo largo de los tiempos. La nueva teoría científica defendía que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural, o de la supervivencia de los más aptos, y presentaba pruebas de que la diversidad de la vida surgió de la descendencia común a través de un patrón ramificado de evolución. Esta revolución de Darwin vino a completar la de Copérnico y Newton: el ser humano sabía ya que el universo obedece a leyes inmanentes que determinan todo cuanto sucede en la naturaleza. Sin embargo, esta revolución científica había dejado fuera de su alcance el origen de los seres vivos, cuyas maravillosas adaptaciones parecían ser el cumplimiento de una finalidad preestablecida: el ojo, exquisitamente diseñado para la función de ver, la mano, para sujetar objetos, o los riñones, para regular la composición de la sangre... Pero la selección natural, convertida en ley, pasaba a ocupar un espacio que hasta entonces se había reservado exclusivamente a Dios.
En un libro corto de 81 artículos. Con él se inicia como fuente histórica la doctrina Taoísta. El objetivo es aproximar al misterio del Tao a todo creyente taoísta que desee perfeccionarse pudiendo alcanzar el grado de hombre sabio.
Quizás hoy provoquen vergüenza nuestras prisiones. El siglo XIX se sentía orgulloso de las fortalezas que construía en los límites de las ciudades y, a veces, en el corazón de éstas. Se complacía en esa nueva benignidad que reemplazaba los patíbulos. Se maravillaba de no castigar ya los cuerpos y de saber corregir en adelante las almas. Aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas figuraban una verdadera empresa de ortopedia social. Quienes robaban eran encarcelados, también aquellos que violaban o mataban. ¿De dónde proviene el curioso proyecto de encerrar para corregir, disciplinar, controlar, que traen consigo los códigos penales de la época moderna? ¿Es una herencia de las mazmorras medievales? Más bien, una tecnología novedosa: el desarrollo de un conjunto de procedimientos de coerción colectiva para dividir en zonas, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez dóciles y útiles¿. Vigilancia, ejercicios, maniobras,puntajes, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros: una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, que fue desplegándose en los hospitales, en el ejército, las escuelas y los talleres: la disciplina. El siglo XIX inventó, sin duda, las libertades, pero les dio un subsuelo profundo y sólido: la sociedad disciplinaria, de la que aún dependemos.
La Metafísica, uno de los tratados fundamentales de Aristóteles (384-322 a. C.), tuvo como génesis un conjunto de escritos independientes, cuya finalidad original era sobre todo educativa. Así pues, por su naturaleza, la Metafísica no puede considerarse tanto la exposición de un sistema perfectamente acabado como una obra que aborda diferentes temas a lo largo de catorce libros. No obstante, su concepción integral acaba dando a luz la ciencia «más allá de la física», es decir, la filosofía primera. La Metafísica no solo es un libro pionero, sino que se trata una de las obras capitales de la filosofía, cuyo peso e influencia son inmensos e inabarcables. En este cuidado volumen se presentan tres versiones del texto aristotélico.
En Apología de Sócrates, diálogo compuesto entre 393 y 389 a. C., Platón (c. 427 - 347 a. C.) da una versión de la defensa del mismo Sócrates tras ser acusado de corromper a los jóvenes y despreciar a los dioses. La apología refleja la defensa de Sócrates frente al jurado de Atenas, de manera que apología tiene el significado original de defensa formal de las opiniones de uno. El diálogo, perteneciente al ciclo platónico de obras socráticas o de juventud, rescata el texto de la apología (defensa) de Sócrates ante el tribunal, así como constituye la apología (elogio) que hace Platón de su maestro.
«Todas las perlas de la sabiduría pitagórica reunidas en una edición con las interpretaciones de dos ensayistas: el filólogo, traductor y académico francés André Dacier, y el teósofo español Federico Macé.
Es en esta obra donde menos nos abrirá su corazón el autor pero que más nos dirá de su trabajo. Nietzsche cede a la poderosa tentación de ir descubriendo ante el lector verdades ásperas y crueles que el cristianismo ha estado pudorosa y compasivamente ocultando. El libro aborda el problema del origen y la evolución de los prejuicios y de los sentimientos morales de una forma polémica y como una campaña contra la moral.
Obra de Descartes que busca establecer la existencia de distintos tipos de dudas y el uso que de ellas debe hacer el filósofo como medio para averiguar la posibilidad de llegar a un tipo de verdad absoluta sobre la que no se pueda dudar y la ruptura de los estereotipos marcados por la sociedad.
Zizek está en desacuerdo con los análisis de la condición posmoderna, desde Habermas hasta Sloterkijk, y expone la idea de que el mundo "posideológico" ignora que "aun cuando no nos tomemos las cosas en serio, seguimos haciéndolas"
El gran mérito de Jean - Baptiste Poquelin, Molière, consistió en adaptar la Comedia del Arte a las formas convencionales del teartro francés, para lo que unificó música, danza y texto y privilegió casi siempre la comicidad, a la vez que luchó contra las hipocresías de su tiempo utilizando la ironía.
En la manera de entender el Camino está la clave del confucianismo. Confucio afirma que el hombre debe establecer su corazón en el Tao y armonizarse con el cosmos, pero al contrario de lo que defendían los seguidores de Lao Tsé, para él «es el hombre el que ensancha el camino y no el camino el que ensancha al hombre». El Tao es un ideal de perfección que se alcanza con la práctica de virtudes puramente humanas: el Camino sólo halla plenitud cuando el hombre lo recorre. Y de ahí la importancia de los tres pilares de su sistema ético: el Jen o la suma de benevolencia, humanidad y altruismo; el Li o las costumbres de la sociedad educada en la decencia, la cortesía y la piedad filial, y el Yi, o principio de justicia y rectitud que debe guiar todo comportamiento humano. El ser humano puede seguir trabajando su naturaleza para mejorarse a sí mismo, mas al cultivar su persona y respetar a los demás, contribuirá asimismo a la perfección y la tranquilidad de toda la comunidad.
Emile Durkheim (1858-1917) hizo excesivo énfasis en la realidad de la sociedad como algo separado de la realidad de los individuos, lo que motivo acusaciones de ensalzar a la sociedad como una entidad mítica superior al individuo y la asociación de su nombre con ideologías totalitarias. Una lectura atenta de El Suicidio, obra clásica dentro del campo de la sociología, pone en claro la injusticia de estas críticas, y que las desviaciones filosóficas en que incurrió son de menor importancia comparadas con la estimulante claridad de su visión teorética y con la minuciosidad de sus investigaciones empíricas.