El autor presentaba la edición italiana de este libro, que tuvo un éxito extraordinario, con estas palabras: Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que no tienen un nombre exacto que los designe. Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.
Es un jueves perfecto para demoler una casa, propiedad de Arthur Dent, y desintegrar el planeta Tierra. Funcionarios del Estado, gente de imperturbables ideas fijas, sean empleados del ayuntamiento o tripulantes de una Flota Constructora procedente de un planeta a años luz, abren una vía de circunvalación local y una gran autopista hiperespacial. Es el momento idóneo para tomarse una copa y hacer autoestop galáctico. En peligro inminente de extinción, recurriremos a la Guía del autoestopista galáctico, gran bestseller universal. Douglas Adams creó un universo de palabras e imágenes en expansión con el humor y la Energía de la Improbabilidad como motor y combustible narrativos. Máquina de ocurrencias frenéticas y risa lisérgica, adivinó con instinto vidente un futuro de libros electrónicos, traductores instantáneos biotecnológicos e industrias dedicadas a la construcción de planetas de lujo. ¿Y si la Tierra fuera uno de esos planetas artificiales, un ordenador colosal pagado y manejado por ratones para descubrir el sentido de la existencia, y destruido cinco minutos antes de la gran revelación?
Andreas Kartak es un vagabundo que duerme bajo los puentes del Sena. Indigente, alcohólico, es nuestro oscuro gemelo perdido, ese personaje sobre el que volcamos nuestras fantasías de autodestrucción. Todos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, creyéndonos impunes, eternos, soñando con abandonarlo todo, la familia, el trabajo, la respetabilidad, la decencia, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar, una copa más, una más, ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominación que solemos llamar realidad. Sin embargo, a Andreas, nuestro Santo Bebedor, un día el despertar le reserva un milagro: en lugar de la resaca, un premio a su perversidad. Algo empieza a funcionar al revés (es decir, bien) en este mundo que siempre juzga méritos y culpas; por más que Andreas incumpla sus promesas, una y otra vez, lo que obtendrá a cambio serán recompensas. Es como si el azar, ese dios de la vida urbana, se compadeciera del pobre Andreas y le regalara unos últimos días de felicidad. Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristes. Juan Pablo Villalobos
Una de las obras capitales de Jack Kerouack, el escritor paradigmático de la generación beat. Situada en la California, expone el descubrimiento del budismo y su primera ley. «la vida es sufrimiento», durante la época en que su autor se sentía un fracasado al no encontrar editor para sus libros. Pero además de un modo filosófico de encarar el fracaso y de la búsqueda del auténtico significado –el Dharma- por parte de unos jóvenes desharrapados y febriles, expresa la comunión con la naturaleza en la cima de altas montañas, la fraternidad y la poesía. Y todo entre vino, marihuana y orgías, donde Kerouac aparece como Ray Smith, aunque el auténtico protagonista sea el poeta y budista Gary Snyder, que figura bajo el nombre de Japhy Ryder. También pueden identificarse fácilmente Allen Ginsberg y Laurence Ferlinghetti, entre otros participantes en el llamado «renacimiento de San Francisco», narrado con suma brillantez en el libro. Los Vagabundos del Dharma elevó a Kerouac a representante esencial del resurgir de una espiritualidad que también era un nuevo modo de relacionarse entre los seres humanos y que hoy, cuando se imponen las realidades virtuales y las rutas cibernéticas, supone un soplo de aire puro y un impulso hacia otros mundos igual de poco sustanciales, pero donde los sentimientos adquieren proporciones insólitas.
Charles Bukowski, la más impactante prosa de alcantarilla: la indecente energía de la furia, el malhablado lenguaje de los bares y una exuberante impertinencia constituyen su voz experta en interrumpir la algarabía de «un mundo lleno de canciones de amor espantosas». Entre borrachos y suicidas, Bukowski ha conseguido que los miserables tengan su poeta y que la ironía sea capaz de derrotar a la peor de las tragedias. ¿No podría, entonces, llevarnos hasta el infierno y traernos sanos y salvos? Sanos, sí; a salvo, no. Y es que en este viaje, pleno en humor cruel y furia etílica, Bukowski despliega sus mejores artes de narrador despiadado para ofrecer una veintena de historias sarcásticas, explosivas y absolutamente inolvidables. Nadie sale ileso: ni el boxeador al que entre round y round le recomiendan tirarse, ni el escritor que va al hipódromo buscando una «acción» que lo arruina, ni el joven aburrido que lleva una prostituta a su casa, ni el actor que trata de escapar de la tiranía de la fama... Ni mucho menos, desde luego, el lector. "Hijo de Satanás", «un triste, cómico y potente libro como jamás escribió este importante autor», según la revista View, implica un paseo electrizante por el paisaje de la decadencia. A través de ese camino, Charles Bukowski ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno. El callejón está abierto, y las emociones, aseguradas.
Solitario de amor, es el relato de una pasión amorosa y erótica, narrada desde la soledad que crea la imposibilidad de fusión-posesión con el cuerpo amado. El centro de esa pasión absoluta es Aída, el eje de toda la obra, no sólo su persona, sino especialmente su cuerpo, sus gestos, sus olores, sus secreciones, sus vísceras, sus palabras. Cada capítulo es una instantánea de Aída, la poetización de la intensidad emocional padecida por el narrador casi anónimo ("me siento un hombre sin pasado, sin rencores, sin heridas viejas: he nacido de Aída, soy el hijo virgen") desde el desamparo y la adoración sin límites. El amante ha contraído una adicción: el cuerpo de Aída, y necesita dosis cada vez mayores para sobrevivir. Por eso llega a decir:"El amor es una droga dura". El mundo exterior es hostil al amor: ha sido creado por el desamor. El estilo sutil, cargado de sensualidad de la autora, dibuja lenta y amorosamente el cosmos y el paraíso del amor, y el desierto y la soledad de su falta.
“Dónde poner los muertos, la segunda novela de Virginia Anderson, se hamaca entre los desgarrones de una despedida y un álbum de fotografías que construye una genealogía entrañable, feroz y ocasionalmente disparatada. Una historia que deambula por los claroscuros del amor y las lealtades, por el dolor y el daño, por los presagios, lo absoluto, lo inexpugnable, lo excéntrico, lo enardecido, los tropiezos, los aprendizajes, lo irrestricto, lo irresuelto, el destino, el desatino, el futuro, la risa, el adiós, los cuerpos, lo definitivo, mientras los últimos rayos del sol entibian un corazón y la tarde se desvanece.” Inés Bortagaray
Los Ángeles en la década de los años treinta. Instalado en el un sórdido hotel en los barrios marginales, el joven aprendiz de escritor Arturo Bandini lucha por la dura supervivencia, mientras sueña con el triunfo tras haber conseguido publicar un relato en una pequeña revista. Guiado por su mentor y editor J. C. Hackmuth, Arturo proclama que es un genio de las letras, mientras se enfrenta a una compleja relación amorosa con Camilla, una chica mexicana que trabaja como camarera. Incapaz de mostrarle sus auténticos sentimientos, Arturo se ve abocado a una destructiva relación de amor-odio, mientras sigue soñando con alcanzar la gloria. Novela de supervivientes urbanos que entusiasmó a Bukowski, Pregúntale al polvo es un nuevo volumen de la saga protagonizada por Arturo Bandini, álter ego de John Fante, cuya infancia se narra en Espera a la primavera, Baldini, publicado también en esta colección.
Este es un libro hecho de miradas. Miradas sobre cuadros, sobre los artistas que los pintaron y sobre la intimidad de la narradora y su entorno. Este es un libro singular y fascinante, inclasificable, en el que la vida y el arte se entretejen. Consta de once partes: once partes que son once capítulos de una novela que relata una historia personal y familiar, pero que también pueden leerse como once cuentos, u once incursiones furtivas en la historia de la pintura, u once ensayos narrativos que tratan de desentrañar los misteriosos vínculos entre una obra pictórica y quien la contempla. En sus páginas el Greco trenza lazos secretos con un paseo por un bosque de secuoyas cercano a San Francisco, la enfermedad y la muerte; el aduanero Rousseau y el banquete que, entre la admiración y la mofa, organizó Picasso en su honor conectan con el miedo a volar... Y aparecen Toulouse-Lautrec deslumbrado por las estampas japonesas; el joven Fujita, que, atrapado por Cézanne, decide irse a París; Augusto Schiavoni, al que acaso una médium ponga en contacto con su gemelo muerto en una sesión de espiritismo en Florencia; la relación de Courbet con el mar... Todo ello actúa como catalizador de las vivencias de la narradora, de las historias de su familia de clase alta, de la evocación de Buenos Aires, de la pasión por el arte, el dolor de la pérdida, la lucha con la enfermedad, la vivencia del paso del tiempo, la banalidad cotidiana, el desasosiego. Este es un libro que habla de arte con erudición y de la vida con sabiduría. Y lo hace sin grandilocuencia, porque, como decía Cézanne, «lo grandioso acaba por cansar». El sublime resultado nos descubre una voz originalísima, que despliega sus múltiples recursos con sutileza y osadía.
El amor brujo cuenta la historia de Estanislao Balder un ingeniero aburguesado de treinta años que, para superar su existencia anodina, se enamora de Irene, una estudiante. En esta novela tragicómica y burlesca, Arlt critica - de un modo sagaz - un estereotipo de hombre. Aquel que, por medio de la caza y la conquista, solo intenta recuperar la inocencia, la juventud y un impulso de vida que alguna vez tuvo y perdió. En El amor brujo, la última novela que escribió Arlt antes de dedicarse al teatro, están presentes, como un eje que recorre toda su obra, las problemáticas del hombre urbano y moderno; y su escritura rompe con los cánones de lo que hasta entonces se entendía como buena literatura.
En el Buenos Aires nocturno, sórdido y vibrante de los años noventa del siglo pasado se mueven dos personajes: Facundo, un joven de belleza inalcanzable que se prostituye para sobrevivir y tiene miedo de dormir solo por las pesadillas que sufre, y Narval, un chico perseguido por seres oscuros y macabras alucinaciones. Un tercer personaje, la inestable Carolina, completa el trío, que se asoma al abismo de las drogas, la violencia, la destrucción y el amor. Escrita con diecinueve años y publicada en 1995, cuando la autora tenía veintiuno, esta primera novela de Mariana Enriquez estuvo largos años descatalogada y devino obra de culto. Leer ahora Bajar es lo peor permite acceder a los orígenes de la potente escritura de Enriquez y comprobar cómo en su debut como narradora ya aparecen muchas de las obsesiones que configurarán su universo literario. Pero el rescate de la obra no obedece solo a razones arqueológicas, pues, más allá de ellas, el texto ha resistido con brío el paso del tiempo, y su lectura permite descubrir que no es en absoluto una titubeante novela primeriza. Es una novela vampírica sin vampiros y una novela gótica sin castillos embrujados, cargada de un malditismo con ecos de Baudelaire y Rimbaud, y con una banda sonora de rock underground, dark y punk. Es un cruce -como la autora confiesa en el prólogo- entre Mi Idaho privado de Gus Van Sant y Entrevista con el vampiro. Y es, por encima de todo, una tenebrosa y fascinante historia de adolescentes convertidos en ángeles caídos, en la que se entrecruzan la muerte y la belleza.
Una nueva comedia romántica situada en la NASA en la que una científica se ve obligada a trabajar en un proyecto junto a su archienemigo... con resultados explosivos. Bee Königswasser se rige siempre por un código muy sencillo: ¿qué haría Marie Curie? Si la NASA le ofreciera liderar un proyecto de neuroingeniería, un sueño hecho realidad después de pasarse años malviviendo con las migajas del mundo académico, Marie aceptaría sin dudarlo. Obvio. Pero la madre de la física moderna nunca tuvo que codirigir ningún proyecto con Levi Ward. A ver, Levi no está nada mal: es alto, moreno y tiene una mirada de lo más penetrante. Pero Levi dejó muy claros sus sentimientos por Bee en la universidad: es mejor que dos enemigos trabajen cada uno en su propia galaxia muy muy lejana. De pronto, Bee se encuentra con que su material ha desaparecido, el personal pasa de ella y su maltrecha carrera profesional pende de un hilo. Puede que su lóbulo occipital esté jugándole una mala pasada, pero juraría que Levi empieza a convertirse en su aliado, apoyando sus decisiones, secundando sus ideas... devorándola con esa mirada suya. Y las diferentes posibilidades traen a sus neuronas de cabeza. Sin embargo, cuando llega el momento de jugársela y arriesgar el corazón, solo hay una pregunta que importe: ¿Qué hará Bee Königswasser?
Leila Guerriero tras los pasos de Truman Capote en la Costa Brava donde escribió buena parte de su célebre A sangre fría. Justo después de terminar La llamada, uno de los mejores libros de no ficción de los últimos tiempos, Leila Guerriero se dirigió hacia la Costa Brava tras los pasos de Truman Capote, quien escribió allí gran parte de su célebre A sangre fría. El resultado es La dificultad del fantasma, obra de agudeza, estructura, estilo y ritmo soberbios que mezcla investigación sobre el terreno, reportaje sobre la manipulación de la memoria, diario de escritura y reflexión sobre el ejercicio de un género literario que, justamente con A sangre fría, Capote pretendió fundar. Género que Leila Guerriero ha llevado a un nivel extraordinario de rigor y excelencia.
Alessandro Baricco, escritor y maestro de escritores, reflexiona sobre el arte de la narración. Baricco reflexiona sobre las narraciones y trata de desentrañar sus misterios. ¿Cuál es su sentido último y su mecánica interna? La narración tiene algo de jeroglífico y algo de mapa. Su alquimia surge en las esquivas y enigmáticas fronteras entre la magia y la ilusión óptica, entre el evento místico y el proceso químico. ¿Se puede enseñar a narrar? ¿Se puede aprender a hacerlo?
El Santo, Luca, Bobby y el narrador son cuatro adolescentes que viven en un espacio y un tiempo indeterminados, pero que remiten vagamente a una ciudad del norte de Italia y a los años setenta. Pertenecen a la clase media y, sobre todo, son profundamente católicos. La aparición de Andre, una chica que procede de un mundo muy distinto (de clase alta y costumbres liberales), va a actuar como catalizador de una crisis que supondrá el derrumbe de todas sus certezas. Hasta entonces, han sido jóvenes llenos de grandes palabras (amor, deseo, dolor, muerte...) cuyo auténtico significado, en el fondo, desconocen. Ingenuamente, creen ser incapaces de vivir la tragedia, familiarizados como están con el drama doméstico menor. Al igual que en la historia de Emaús relatada en el Evangelio de Lucas, en la que se cuenta cómo Cristo, ya resucitado, se apareció a dos de sus discípulos y éstos no supieron reconocerlo hasta que fue demasiado tarde, los cuatro jóvenes protagonistas se enfrentan a la realidad sin saber ver ni reconocer todos sus matices y contradicciones, aferrados a una fe monolítica y, hasta cierto punto, heroica. Como en Seda o Sin sangre, Baricco vuelve a demostrar su maestría con una novela corta que es, al mismo tiempo, apólogo moral y novela de formación, escrita con ese inconfundible estilo que sugiere y muestra, con palabras y silencios, luces y sombras, la tensión imposible entre la vida y las convicciones juveniles.
«Tal vez, si escribiéramos muchas veces un tiempo, podríamos saltar más hondo, preguntar más fuerte, oír el nacimiento de las frecuencias que inventaron la posibilidad de escuchar. Tratar de entender el mundo. Descubrir que fuimos capaces de salvar algo del pasado remoto, antes de que la muerte fuera irrefutable. Haber sido capaces de ponerle voz al tiempo de algo, de alguien, así haya sido que ese algo, ese alguien —una sierra, ballenas sordas, afluentes, frutas, pajonales— lo supiera o recordara. Tamara Silva Bernaschina nos regala en esta novela —de páginas de celulosa, hechas de agua, como un inicio— hitos de ascensos y descensos por los rayos que inauguran o fulminan confianza y desazón, frustración y empeño, pero por sobre todo —y por debajo de todo— la demostración de algo que puede ser y no ser al mismo tiempo, algo que mata y resucita las nociones, y es la escritura.» Emocionante como una playa, por primera vez. Magela Ferrero
A sus veintiocho años, Penélope se ha resignado ya a convertirse en una solterona destinada a envejecer cuidando a su madre. Durante una década, ha asistido a todas las fiestas de la aristocracia londinense, y siempre ha sido la muchacha mediocre, callada, la que nadie saca a bailar más que por compromiso, la que pasa inadvertida para todos. También para Colin Bridgerton, hermano de la mejor amiga de Penélope, guapo, audaz, soltero de oro... y su amor platónico desde siempre. Para Colin, Penélope siempre ha estado ahí, simpática, agradable, pero casi invisible. ¿Cómo es posible que todo cambie de repente? Sin saber bien cómo, el menor de los Bridgerton descubre a una mujer inteligente, sensible, audaz... y muy atractiva. Durante años se han conocido casi como hermanos, y de repente se dan cuenta de que no saben nada el uno del otro. Pero no todo lo que descubrirán va a resultar tan placentero...
John Middleton, Predicador para los amigos, estaba a punto de cerrar el bar donde trabajaba cuando entró una joven con un niño de tres años intentando protegerse de una fría noche de octubre. Como cualquier marine, Predicador sabía reconocer una situación de crisis nada más verla, y aquella mujer estaba cubierta de moratones. Inmediatamente deseó protegerla, castigar a quien le hubiera hecho aquello, pero supo también desde el primer momento que aquella necesidad de protegerla iba acompañada de otro sentimiento.Paige Lassiter había conseguido despertar nuevos sentimientos en aquel gigante de buen corazón, sentimientos a los que hasta entonces jamás se había permitido dar rienda suelta. Pero cuando el ex marido de Paige apareció en Virgin River, Predicador supo que su propio futuro estaba en peligro. Y si había algo que había aprendido del lema de los marines, Semper Fidelis, siempre fieles, era que había cosas por las que merecía la pena luchar.
La tercera novela del autor, que contiene ya los ingredientes más destacados de su estilo. El mejor título para comenzar a leer a Julian Barnes. Un despliegue de gran audacia técnica y elegante virtuosismo, al servicio de una amenísima trama en la que se alterna la ficción con hechos reales muy imaginativamente ordenados. Un libro que ha tenido un extraordi-nario éxito, tanto de crítica como de ventas, y ha recibido numerosos galardones. Esta novela no trata sólo del loro que aparecía en Un cœur simple, sino también de ferrocarriles y de osos; de Francia y de Inglaterra; de la vida y del arte; del sexo y de la muerte; de George Sand y de Louise Colet; de los (odiados) estudiosos de la obra de Flaubert y de las virtudes del lector «aficionado». Y todo ello de la pluma de un enigmático narrador, el doctor Braithwaite, apasionado de Flaubert, cuya vida y secretos nos son progresivamente desvelados.
Con placer asegurado y erotismo puro, Jud y Eric exploran los limites del morbo y la sensualidad. Pídeme lo que quieras, ahora y siempre es el segundo volumen de la serie erótica más adictiva de Megan Maxwell. Después de provocar su despido de la empresa Müller, Judith está dispuesta a alejarse para siempre de Eric Zimmerman. Para ello decide refugiarse en casa de su padre, en Jerez. Atormentado por su marcha, Eric le sigue el rastro. El deseo continúa latente entre ellos y las fantasías sexuales están más vivas que nunca, pero esta vez será Judith quien le imponga sus condiciones, que él acepta por el amor que le profesa. Todo parece volver a la normalidad, hasta que una llamada inesperada los obliga a interrumpir su reconciliación y desplazarse hasta Múnich. Lejos de su entorno, en una ciudad que le resulta hostil y con la aparición del sobrino de Eric, un inesperado contratiempo, la joven tendrá que decidir si debe darle una nueva oportunidad o comenzar un nuevo futuro sin él.