Una treintena de muchachos son los únicos supervivientes de un naufragio en el que perecen todos los adultos que consiguen llegar a una isla. Enseguida se plantea cómo sobrevivir en tales condiciones, y no tardan en crearse dos grupos con sus respectivos líderes. Ralph se convierte en el cabecilla de los que están dispuestos a recolectar y a construir refugios, mientras Jack se convierte en el jefe de los cazadores, animados por un espíritu aventurero. Las tensiones entre ambos bandos no tardan en aparecer. Partiendo de este esquema, el Premio Nobel William Golding crea una fábula moral sobre el lado más oscuro de la naturaleza humana. Una novela deslumbrante en la que se ha visto desde una requisitoria moral contra la educación represiva hasta una parábola acerca de los instintos básicos del ser humano.
Koba el Temible -un libro de memorias, una crónica, una meditación sobre Stalin y su legado– es una continuación de Experiencia, la aplaudida autobiografía de Martin Amis. Es básicamente un libro político sin dejar de ser personal. Se centra en un importante punto débil del pensamiento del siglo XX: la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el comunismo. Entre el personal comienzo y el final personal, Amis nos ofrece el mejor «cursillo» que se ha escrito sobre Stalin: Koba el Temible,lósif el Terrible. El padre del autor, Kingsley Amis, aunque manifestó tendencias reaccionarias en la madurez, fue «un lacayo de la Komintern» (como él mismo acabaría diciendo) entre 1941 y 1956. Su segundo amigo más íntimo y luego su amigo más íntimo (después de la muerte del poeta Philip Larkin) era Robert Conquest, el destacado sovietólogo, cuyo libro El gran terror (1968) contribuyó más que ningún otro, con la única excepción de El archipiélago Gulag de Solzhenitsyn, a socavar los cimientos de la URSS. Este notable libro de memorias de Martin Amis analiza estas conexiones. Stalin dijo que la muerte era un hecho trágico, pero que la muerte de un millón era simple estadística. Koba el Temible gira alrededor de una muerte concreta y es una refutación del aforismo de Stalin.
Escrita en 1954, cinco años después de la publicación de El segundo sexo, Las inseparables narra la amistad apasionada que une a Sylvie y a Andrée -alter ego de la propia Simone de Beauvoir y de Élisabeth Lacoin (Zaza)- desde que con nueve años se conocen en la escuela. Andrée es alegre, inteligente y atrevida, y Sylvie, una niña formal que se siente irremediablemente atraída por su personalidad arrolladora. Juntas aprenderán a librarse de las convenciones y las expectativas asfixiantes de su entorno, ignorantes del trágico precio que tienen la libertad y la ambición intelectual y existencial.
Irresistibles, tronchantes, desopilantes, desenfrenados, salvajemente cómicos: tales son los calificativos que se aplican, merecida y habitualmente, a los libros de Tom Sharpe. En Reunión tumultosa, su primera novela, «salpicada de chistes brutales, recortada con precisión, cosida con ritmo trepidante y presidida por una ironía indesmayable, Tom Shapre se revela como un humorista de primera fila» (Llàtzer Moix, La Vanguardia). En esta novela, situada en África del Sur, Miss Hazelstone, de la mansión Jacarandá Park, mata a su cocinero zulú en un espectacular crimen pasional y no tardan en aparecer los gallardo agentes de la policía del lugar: un comandante, cuyo secreto anhelo de ser un gentelman inglés da lugar a un memorable transplante de corazón; un teniente, infatigable en la caza del comunista; un cabo, partidario de disparar sin contemplaciones y de disponer sexualmente de las negras, también sin más explicaciones. En el curo de los abracadabrantes acontecimientos que se suceden, asistimos a perversiones realmente inauditas, hasta desembocar, como es habitual en Tom Sharpe, en un apoteósico final.
Viktor Frankl fue víctima, como tantos otros, de la barbarie nazi, de un trato cruel y del intento de ser reducido a un número. Como muchos, resistió, y Terezín, Auschwitz, Türkheim, Kauferin y Dachau fueron las estaciones de un viaje intenso hacia sí mismo, hacia el descubrimiento de su propia resistencia espiritual. Frankl escribió esta obra de teatro poco tiempo después de haber dejado atrás su experiencia como prisionero en los campos de exterminio. Su título Birkenwald encierra un debate metafísico sobre el sentido del sufrimiento, que toma como punto de partida una escena en una barraca del campo de concentración Birkenwald, nombre de ficción resultado de la combinación de los nombres Buchenwald y Birkenau. En alemán, Birkenwald significa bosque de abedules, árboles cuya capacidad de generar vida en lo devastado les permite arraigarse y colonizar con nueva vida el terreno. La obra pone en escena, de modo creativo y original, diálogos humanos que manifiestan vivencias universales con las que no podemos dejar de sentirnos identificados.
La más famosa novela de Tom Sharpe, en la que el autor no deja títere con cabeza. El protagonista, Henry Wilt, encadenado a un empleo demencial como profesor en un politécnico, acaba de ver postergado su ascenso una vez más. Mientras, las cosas no marchan mejor en casa, donde su maciza esposa, Eva, se entrega a imprevisibles arrebatos de entusiasmo por la meditación trascendental, el yoga o la última novedad recién olfateada. Wilt, que se siente impotente con respecto a su empleo, no vacila en entregarse a fantasías cada vez más concretas y asesinas acerca de su mujer, con la colaboración de una espectacular muñeca hinchable. A partir de la inopinada desaparición de Eva, Wilt se convierte en el principal sospechoso de la presunta muerte de su esposa, y se pone en marcha una desopilante investigación policíaca...
Edward T. Topping IV, blanco, anglo y sajón, miembro de una pequeña dinastía –es el cuarto de su familia que lleva este nombre y que ha estudiado en Yale–, va con Mack, su mujer –también Yale– a cenar a un restaurante. Y mientras se desocupa una plaza para aparcar su pequeño y ecológico coche –como toca a personas progresistas y cultivadas como ellos–, un esplendoroso Ferrari, conducido por una latina no menos esplendorosa y cargada de oro y oropeles, les birla el lugar. Y luego la conductora se burla descaradamente de Mack. Quizá porque, como afirma Wolfe, Miami es la única ciudad de América, y quizá del mundo, donde una población venida de otro país, de otra cultura, con otra lengua, se ha hecho dueña del territorio en sólo una generación, y lo demuestra en las urnas, y en el posterior ejercicio del poder. Y por eso Ed Topping ha sido enviado a Miami a reconvertir el Miami Herald en un periódico digital, sin edición en papel, y lanzar El Nuevo Herald para las masas latinas. Y en esa Miami y en este diario viven y trabajan dos personajes fundamentales de esta inmensa, intensa, divertida novela: el joven John Smith, un periodista que persigue la gran exclusiva que hará que deje de ser novato y desconocido, y Nestor Camacho, policía, veintidós años, miembro de la segunda generación de cubano-americanos nacidos en Miami, que se expresa mucho mejor en inglés que en español, y será el protagonista de la exclusiva de John. Pero hay más, mucho más: está Magdalena, la muy guapa Magdalena, novia o algo parecido de Nestor, y su amante, un psiquiatra famosillo, especializado en el tratamiento de las adicciones sexuales y hábil trepador, que se aprovecha de uno de sus pacientes, un poderoso millonario que vive masturbándose con tal intensidad que tiene el pene casi deshecho, para circular entre la más selecta sociedad de Miami. Y hay mafiosos rusos, un alcalde latino y un jefe de policía negro. Y los fastos y las fiestas donde se congregan todos los que hacen que el mundo y Miami giren en la vida y en esta novela, tan torrencial como, a menudo, esperpéntica…
Un científico suicida, una habitación olvidada y un proyecto secreto: un nuevo reto para el enigmatólogo Jeremy Logan en esta cuarta entrega de la serie techno-thriller más inquietante.Jeremy Logan, especialista en fenómenos que carecen de explicación lógica, recibe una llamada urgente del director de Lux, uno de los grupos de investigación estadounidenses más antiguos y respetados. En la espectacular mansión costera sede de la organización acaba de tener lugar un trágico acontecimiento que requiere su presencia.Días antes Willard Strachey, un hombre equilibrado y amable, uno de los científicos más prestigiosos del centro, empezó a comportarse de un modo extraño y arremetió con violencia contra su ayudante. Sus compañeros lo redujeron y lo encerraron en la biblioteca. Minutos después encontraron a Strachey muerto, se había decapitado con el cristal de una de las ventanas.En los últimos meses el científico se había volcado en la restauración de un ala de la propiedad y fue allí donde Logan hizo un descubrimiento inesperado: una habitación cuya existencia ignoraba el resto del grupo y en la que aparentemente nadie ha entrado desde hace décadas. En la habitación, que no aparece en los planos de la casa, encuentra un misterioso objeto de madera, un intrigante artilugio relacionado con un proyecto secreto de gran magnitud.La naturaleza de dicho proyecto y lo que pasó en esa habitación obligarán a Logan a afrontar un peligro inesperado.
«Un hombre ha recibido siempre del cielo mucho para ser feliz, bastante para no serlo.» Los hermanos De Witt, protegidos del gran rey Luis de Francia, encuentran la muerte a manos de la enloquecida población de La Haya, que los cree culpables de conspiración. Pero antes de morir dejan a su ahijado Cornelius unos comprometedores documentos que lo llevarán a la cárcel. Allí, en compañía de la joven Rosa, se afanará en conseguir lo que más desea en el mundo: el bulbo del tulipán negro. Magníficamente introducida en esta edición por el estudio de la investigadora Robin Buss, El tulipán negro reúne los ingredientes necesarios para atrapar al lector desde la primera página y sumergirlo en la tumultuosa sociedad holandesa de finales del siglo XVII. Dumas despliega así su habitual talento narrativo en una novela de intriga extraordinaria.
Carlos Ruiz Zafón concibió esta obra como un reconocimiento a sus lectores, que le habían seguido a lo largo de la saga iniciada con La Sombra del Viento. «Puedo conjurar rostros de chiquillos del barrio de la Ribera con los que a veces jugaba o peleaba en la calle, pero ninguno que quisiera rescatar del país de la indiferencia. Ninguno excepto el de Blanca.» Un muchacho decide hacerse escritor al descubrir que sus invenciones le regalan un rato más de interés por parte de la niña rica que le ha robado el corazón. Un arquitecto huye de Constantinopla con los planos de una biblioteca inexpugnable. Un extraño caballero tienta a Cervantes para que escriba un libro como no ha existido jamás. Y Gaudí, navegando hacia una misteriosa cita en Nueva York, se deleita con la luz y el vapor, la materia de la que deberían estar hechas las ciudades. El eco de los grandes personajes y motivos de las novelas de El Cementerio de los Libros Olvidados resuena en los cuentos de Carlos Ruiz Zafón —reunidos por primera vez, y algunos de ellos inéditos— en los que prende la magia del narrador que nos hizo soñar como nadie.
A fines de los setenta, Bukowski, santo patrón de los escritores bebedores, autor de las novelas y relatos más implacables y certeros sobre el gran sueño americano devenido pesadilla, aún no era demasiado conocido en su país. Pero en Europa el gran Hank ya era un escritor de culto. Y en 1978, invitado por sus editores, emprende una gira que comenzará en París y transcurrirá entre ríos de alcohol, y amenizada por algunos escándalos. Bukowski, que viaja acompañado por Linda Lee, su joven novia, acude borracho al programa cultural totémico de la televisión francesa, Apostrophes, lo sientan junto al psiquiatra que trató -o maltrató- a Artaud y, tras tocarle las piernas a otra invitada y decir algunas de sus terribles boutades -o verdades-, acaba insultando al presentador, Pivot, que se niega a dejarlo hablar, y abandona el plató estrepitosamente indignado. Después, Niza, a visitar a familiares de Linda, que no quieren verlo tras el escándalo de París; Alemania y recitales de poesía donde descubre que conovca a muchos jóvenes que lo aman, y también emocionados encuentros con sus fieles amigos, el director de cine Barbet Schroeder y su traductor Carl Weissner. Largas noches de vino y charlas; el viaje a Andernach, su ciudad natal, donde su padre, un sargento de las fuerzas de ocupación americanas, conoció a su madre, y donde aún vive su tío Heinrich; Hamburgo, sus putas y su hipódromo, y muchas máss noches de vino y amigos... Éste es el diario de un viaje insólito, de todo lo que Shakespeare no hubiera hecho ni dicho, contado con la brutal sinceridad y desgarro de siempre, y acompañado por las espléndidas fotografías de Michael Montfort.
Charles Bukowski, la más impactante prosa de alcantarilla: la indecente energía de la furia, el malhablado lenguaje de los bares y una exuberante impertinencia constituyen su voz experta en interrumpir la algarabía de «un mundo lleno de canciones de amor espantosas». Entre borrachos y suicidas, Bukowski ha conseguido que los miserables tengan su poeta y que la ironía sea capaz de derrotar a la peor de las tragedias. ¿No podría, entonces, llevarnos hasta el infierno y traernos sanos y salvos? Sanos, sí; a salvo, no. Y es que en este viaje, pleno en humor cruel y furia etílica, Bukowski despliega sus mejores artes de narrador despiadado para ofrecer una veintena de historias sarcásticas, explosivas y absolutamente inolvidables. Nadie sale ileso: ni el boxeador al que entre round y round le recomiendan tirarse, ni el escritor que va al hipódromo buscando una «acción» que lo arruina, ni el joven aburrido que lleva una prostituta a su casa, ni el actor que trata de escapar de la tiranía de la fama... Ni mucho menos, desde luego, el lector. "Hijo de Satanás", «un triste, cómico y potente libro como jamás escribió este importante autor», según la revista View, implica un paseo electrizante por el paisaje de la decadencia. A través de ese camino, Charles Bukowski ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno. El callejón está abierto, y las emociones, aseguradas.
Una novela autobiográfica, contundente como un preciso uppercut, que nos muestra una visión bien distinta del «Sueño Americano», una visión «desde abajo», desde los pisoteados y humillados: la infancia, adolescencia y juventud de Henry Chinaski, en Los Ángeles, durante los años de la Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Un padre brutal que cada día finge acudir puntualmente al trabajo para que sus vecinos no sospechen que está en paro; una madre apaleada por el padre, que sin embargo está siempre de su parte; un tío a quien busca la policía; un mundo de jefes, de superiores aterrorizados por otros superiores. El joven Chinaski -algo así como un hermano paria de Holden Cauldfiel, el dulce héroe de Salinger en El guardián entre el centeno- tiene que aprender las reglas implacables de una durísima supervivencia. En este libro inolvidable, escrito con una ausencia total de ilusiones, se transparenta, evitando la autocompasión, una estoica fraternidad con todos los chinaskis, todos los chinaskis, todos los underdogs de la «otra América» de los patios traseros, los bares sórdidos, las oficinas de desempleo.
Una de las obras capitales de Jack Kerouack, el escritor paradigmático de la generación beat. Situada en la California, expone el descubrimiento del budismo y su primera ley. «la vida es sufrimiento», durante la época en que su autor se sentía un fracasado al no encontrar editor para sus libros. Pero además de un modo filosófico de encarar el fracaso y de la búsqueda del auténtico significado –el Dharma- por parte de unos jóvenes desharrapados y febriles, expresa la comunión con la naturaleza en la cima de altas montañas, la fraternidad y la poesía. Y todo entre vino, marihuana y orgías, donde Kerouac aparece como Ray Smith, aunque el auténtico protagonista sea el poeta y budista Gary Snyder, que figura bajo el nombre de Japhy Ryder. También pueden identificarse fácilmente Allen Ginsberg y Laurence Ferlinghetti, entre otros participantes en el llamado «renacimiento de San Francisco», narrado con suma brillantez en el libro. Los Vagabundos del Dharma elevó a Kerouac a representante esencial del resurgir de una espiritualidad que también era un nuevo modo de relacionarse entre los seres humanos y que hoy, cuando se imponen las realidades virtuales y las rutas cibernéticas, supone un soplo de aire puro y un impulso hacia otros mundos igual de poco sustanciales, pero donde los sentimientos adquieren proporciones insólitas.
Andreas Kartak es un vagabundo que duerme bajo los puentes del Sena. Indigente, alcohólico, es nuestro oscuro gemelo perdido, ese personaje sobre el que volcamos nuestras fantasías de autodestrucción. Todos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, creyéndonos impunes, eternos, soñando con abandonarlo todo, la familia, el trabajo, la respetabilidad, la decencia, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar, una copa más, una más, ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominación que solemos llamar realidad. Sin embargo, a Andreas, nuestro Santo Bebedor, un día el despertar le reserva un milagro: en lugar de la resaca, un premio a su perversidad. Algo empieza a funcionar al revés (es decir, bien) en este mundo que siempre juzga méritos y culpas; por más que Andreas incumpla sus promesas, una y otra vez, lo que obtendrá a cambio serán recompensas. Es como si el azar, ese dios de la vida urbana, se compadeciera del pobre Andreas y le regalara unos últimos días de felicidad. Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristes. Juan Pablo Villalobos
El autor presentaba la edición italiana de este libro, que tuvo un éxito extraordinario, con estas palabras: Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que no tienen un nombre exacto que los designe. Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.
La "Divina Comedia" es la relación de un viaje en que, en su tránsito desde el Infierno hasta el Cielo, el autor encuentra su propia identidad. En esta obra de enorme fuerza expresiva Dante fundió el pensamiento filosófico con las ideas políticas y los conocimientos literarios. En ella, cada personaje, cada episodio, tiene un profundo significado que va más allá de la simple anécdota. La versión poética de Abilio Echeverría ha logrado respetar plenamente el sentido, el metro y el ritmo de la obra, sin despojarla de su grandeza. Completa la presente edición un prólogo a cargo de Carlos Alvar que recrea la biografía de Dante e ilustra el proceso de creación que alumbró la obra.
Los relatos que se incluyen en esta edición pertenecen a El regreso de Sherlock Holmes (1904) y fueron escritos después de que Conan Doyle se viera obligado a resucitar a su personaje por el éxito obtenido. Las aventuras del detective y de su ayudante están en la línea de los relatos cortos propios para ser publicados en la prensa y leídos rápidamente, por lo que el estilo queda en segundo lugar.
Tercera novela del escritor francés y pionero de la ciencia ficción, Julio Verne (1828-1905). Viaje al Centro de la Tierra narra las aventuras de Axel, el profesor Otto Lidenbrock y Hans, mientras exploran las profundidades volcánicas de Islandia en busca de evidencia de que se puede alcanzar el centro de la tierra viajando a través de tubos volcánicos. Su periplo está lleno de encuentros fantásticos, de criaturas prehistóricas y peligros imposibles, en un mundo subterráneo que parece otro planeta para los exploradores. Si bien Verne no fue el precursor de este tipo de historias, sí fue responsable de su revitalización a los ojos de los lectores modernos, y cementó su reputación como un autor adelantado a su tiempo y cuyas ideas solo mejorarían con cada nueva historia publicada.
Esta novela de la escritora modernista inglesa Virginia Woolf (1881-1941) narra un día en la vida de Clarissa Dalloway, mientras hace los preparativos para un fiesta que celebrará en la noche. La estructura narrativa se basa en el pensamiento de su protagonista y mediante saltos temporales y puntos de vista diferentes de otros personajes construye un retrato de la sociedad inglesa en la postguerra de la Primera Guerra Mundial. Es sin duda una de las mejores obras de su autora y una muestra del poder narrativo del modernismo literario y la técnica del tren de pensamiento, que es tan magistralmente utilizado para ilustrar la complejidad y profundidad de la mente humana, incluso en las situaciones más mundanas.