Don Juan Tenorio (1844), es posiblemente la versión más popular del mito de don Juan donde destacan los personajes bien definidos tanto de don Juan como doña Inés. Constituyen uno de los hitos del teatro español. Esta historia narra la vida de don Juan Tenorio, un hombre que presume de ser un conquistador, de tener a todas las mujeres que desea en sus brazos. Por eso, lleva a cabo una apuesta con don Luis Mejía: quieren ver quién es capaz de conquistar a más mujeres en un año.
Es una obra sobre el sufrimiento, del que no libera ni el premio de los buenos ni el castigo de los malos. El dolor introduce una suerte de irracionalidad en la existencia humana que arrastra consigo toda forma de racionalidad incluida la moral. El carácter irracional y destructor del amor que aparece en Rey Lear constituye un argumento recurrente en el teatro de la Grecia clásica.
La loca pasión por Melibea, hija de un rico mercader, lleva al joven Calisto a romper todas las barreras y a aliarse con una vieja alcahueta. Desde el momento en que entra en escena, Celestina avasalla toda la obra hasta convertirse en un personaje literario de fama universal.
El nombre que da Federico a esta obra contiene la clave de lo que se va a leer. Yerma es la tierra que está despoblada o sin habitar, yerma es la tierra cuya esterilidad no está comprobada. El tema dominante en Yerma es la maternidad frustrada. Pero también y asociado a esto, la falta de libertad de la mujer para con su vida, la represión frente al instinto, el deseo frente a la realidad. Yerma desea, añora, sufre y hasta mata por un hijo que nunca llegará.
Qué simple si El jardín de los cerezos fuese tan solo la dramatización de las fuerzas sociales en pugna: una aristocracia que desaparece corrompida por la inercia y el tedio, y el pujante Lopajin, hijo de campesinos, convertido en próspero burgués. Qué cosa más fácil sería ver, en la transacción social, sacrificada la belleza pasiva del jardín bajo las garras del inversor. Como los pases de magia de Charlotta o la palabrería envolvente de Trofimov, la obra de Antón Chéjov burla el conflicto, suspende su sentido, lo sofoca suavemente en la contemplación. Pero lo retoma en la crisis interior de sus personajes, que deben superar el vacío de sus vidas y la incomunicación con la historia que se cierra y que nace ante sus ojos.